En esta urna devolvió el gobierno de Gran Bretaña los restos
de un piloto caído en la Guerra de Malvinas. No ha explicado
Londres aún por qué permanecieron en una comisaría
de Puerto Argentino durante 22 años.
En 30 páginas, el gobierno del Reino Unido y las autoridades políticas de Malvinas trataron -sin resultado-de explicar por qué se ocultó durante 22 años el hallazgo de restos óseos pertenecientes a un veterano caído en el conflicto de 1982. El caso salió a la luz este año por una supuesta inspección burocrática realizada en la sede de la policía de las Malvinas (Royal Falklands Island Police), cuando se hizo cargo su actual jefe, Paul Elliot.
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La pieza ósea estuvo depositada desde 1986 en el destacamento central de la policía isleña en una vitrina ubicada « fuera de la vista del público», según describe el informe oficial británico.
El 8 de agosto pasado el canciller Jorge Taiana remitió una nota al Foreign Office, que manifiesta la molestia del gobierno argentino por las escasas aclaraciones que se hacen sobre el hallazgo y reiteró los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes.
El escrito de los británicos -participó en su redacción el gobernador de los kelpers, Alan Huckle-es un relato profuso en referencias administrativas sobre el manipuleo del hueso desde el año 1986 hasta que se informó al gobierno argentino, 22 años más tarde. No ofrece ni precisiones ni identidades de quienes tuvieron conocimiento del caso, ni mucho menos responsables del presunto ocultamiento. Taiana, en mayo pasado cuando este diario dio a conocer el hecho, rechazó las disculpas ofrecidas por la subsecretaria de Estado, Meg Munn, responsable de los territorios de ultramar. Tras un análisis exhaustivo del informe británico, el canciller le trasmitió a su par del Reino Unido, David Miliband, que «todo resulta lamentable para el gobierno argentino y para el conjunto de los familiares de los caídos en el conflicto».
Cruces blancas
Al término de la guerra, los cuerpos de los argentinos caídos en Malvinas fueron enterrados en el cementerio de Darwin. En el predio hay 230 cruces blancas y un cenotafio erigido en memoria de los veteranos fallecidos, monumento aún pendiente de inauguración porque la administración británica no autorizó vuelos especiales de los familiares.
La información británica da cuenta de que el hueso tenía material adherido que sería un buzo o traje antiexposición (vestimenta que usan los pilotos para protegerse de las aguas heladas en caso de derribo) y había inscripciones en castellano. El lugar del hallazgo: una playa cerca de Fitzroy, coincidiría con el sitio donde cayó un avión Canberra de la Fuerza Aérea Argentina. También se especula con la posibilidad de que el fragmento pertenezca al piloto de uno de los dos cazas A4-B Skyhawk que fueron abatidos en proximidades de Choiseul Sound en isla Soledad. De que es un hueso humano no hay dudas; el médico legista de los kelpers emitió un informe en 1986 (figura en el documento británico) y establece que se trata de la mitad superior de un fémur izquierdo. También aparecen detalles precisos de las operaciones aéreas que efectuaron esos aviones criollos antes de ser derribados.
Cerca del lugar donde se encontraron los restos humanos había partes de la estructura de un avión y fragmentos de lo que sería el tren de aterrizaje. Esos componentes fueron llevados para su identificación a una base aérea británica que tenía aparatos Canberra similares a los argentinos. El Canberra es un bombardero a reacción que dejó de volar luego de la guerra. La Fuerza Aérea Argentina había adquirido en 1969 un lote de 12 aparatos que pertenecían a la Royal Air Force (Fuerza Aérea británica); ocho participaron en el conflicto del Atlántico Sur.
Taiana tomó el asunto con máxima prioridad, instruyó a los responsables del área Malvinas: el embajador Eduardo Airaldi y el ministro Guillermo Rossi para que en el menor tiempo posible conformen los protocolos de averiguación de identidades, se determine a quién pertenecen los restos óseos y se dé la información a los familiares. La tarea está ahora en manos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), organización no gubernamental formada en 1984 con la misión de investigar los casos de personas desaparecidas entre 1976 y 1983. Su trabajo incluye la contención a los familiares de las víctimas. Se asignó la investigación de la pieza ósea hallada en Malvinas a la antropóloga María Rodríguez Calderón. El EAAF funciona en línea directa con los requerimientos de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación a cargo de Eduardo Luis Duhalde. El organismo está más interesado en la iniciativa reciente de comparar más de 2.800 muestras de sangre y 600 de restos óseos con el fin de identificar víctimas de desaparición forzada de los setenta que de ocuparse de la identidad de quien ofrendó su vida por un pedazo de suelo argentino en 1982.
El secretario Duhalde, sin embargo -señalado como militante terrorista en varias revistas de la década setentista-, tiene asistencia perfecta a las audiencias del juicio a Antonio Bussi que por estos días se lleva a cabo en la provincia de Tucumán. Ayer se cumplieron los primeros 20 días -el hueso llegó al continente el 19 de julioque los forenses dicen son suficientes para llegar a un resultado de identidad comprobada y restan 10 más para que ese dato sea publicable a los deudos. Pero no hubo contacto ni con las autoridades de la Fuerza Aérea ni con los presuntos familiares del caído.
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