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27 de junio 2008 - 00:00

Rating de 8 carpas: sólo se visita la del campo

Con ocho carpas montadas (la última contra el campo y contra el gobierno), la Plaza del Congreso se ha convertido en uno de los paseos más animados de la Capital. El vecino que camine esas veredas tiene un testimonio de la Argentina que ha declarado la inutilidad de las instituciones. También hay guerras de rating; gana ampliamente la carpa del campo, que juntó ayer miles de personas. Las que montó el oficialismo están vacías, y la poca gente que entra en ellas es para protegerse del frío y ver viejos videos de propaganda de "Canal 7". La carpa del campo hasta ofreció un episodio policial, con un joven agredido en un incidente con policías y ambulancias.

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Un nuevo toro, esta vez mecánico, fue instalado ayer en la plaza.
  • A pesar de contar con una sola carpa contra 6 del oficialismo, las instalaciones campestres en la Plaza del Congreso reciben mayor número de visitas.

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    En los refugios kirchneristas se registran en promedio 150 militantes por hora entre carpa y carpa, y en las estructuras metálicas de las entidades agropecuarias cerca de 500 personas que de paso sacan fotos al toro «Alfredito» y a una paloma inflable, que subraya en su cuerpo algunos pasajes de la Constitución Nacional, que se estrenó ayer.   

  • Entre tanto papel con inscripciones pro campo, pegadas del lado de adentro de la carpa levantada por estudiantes de Agronomía, piqueteros de la Corriente Clasista y Combativa repartían tortas fritas amasadas con sus propias manos. Se pudieron ver casi 15 kilos de harina, sartenes esparcidas de aceite y hasta quejas de señoras, que aunque acompañaban los reclamos de los productores, criticaban la forma del reparto de la comida: «Esto es un desorden. Es impresentable, se matan por la comida y no hay nadie para controlar», se enojaban, mientras los piqueteros de Juan Carlos Alderete se pasaban la masa de mano en mano.   

  • «Sufran gorilas, Tarzán es peronista», dice una pintada en aerosol sobre el cordón de la vereda que se adueñó el Movimiento Evita, patrocinado por Emilio Pérsico.

  • Enfrente, la carpa vigilada de cerca por el secretario legal y técnico, Carlos Zannini (Compromiso K), pasa el film sobre Evita en donde actúan Víctor Laplace y Esther Goris. Luego viene el turno de un documental sobre la década de los 90, incluido el período en que gobernó Fernando de la Rúa. Todo en los plasmas de último modelo que el gobierno paga.

    Tanto de Charly García, como Silvio Rodríguez, Bersuit Vergarabat y Víctor Heredia son los temas que se escuchan en las dos carpas mejor equipadas: JP y Compromiso K.

    Pero hay algunos stands que no pertenecen a las agrupaciones K tradicionales, que se asentaron frente al Congreso con sus mesas y un par de sillas apoyando a Cristina de Kirchner. Tanto el Movimiento de Juventudes Larouchistas como el Movimiento de Liberación Nacional son algunas de esas organizaciones que no tienen tanto presupuesto como para instalar carpas, pero no se quieren quedar atrás. Dos o tres militantes reparten sus folletos para explicar a los visitantes que «aquí se está desarrollando lo que se llama sinarquía. Es la teoría que dice que hay dos posiciones, pero nadie se da cuenta de que hay un tercero en discordia que utiliza el método de las tijeras: divide en dos partes el conflicto hasta que se cortan mutuamente la cabeza; allí surge la tercera postura que en este caso creemos que es el Imperio Británico». Pensamientos tan variados como insólitos.

  • Entre las carpas K y la campestre, justo en el medio de la plaza se asentó ayer una nueva estructura. Ni kirchnerista, ni ruralista. Más bien, antitodo. El gacebo pertenece al Movimiento al Socialismo, partido que no está ni con el matrimonio presidencial, ni con la Sociedad Rural y compañía.

    «Expropiación de los agrarios capitalistas, basta de explotación de los peones rurales», afirma una bandera roja de dos por tres metros, mientras en un stand precario los activistas de izquierda intentan captar a los desilusionados por ambos bandos.

    «Ya basta de que me retengan la tierra, no puedo más, me van a sacar todas las macetas del jardín», bromea una señora que critica tanto a los K como al sector agropecuario, y refuerza: «Me tienen cansada. Ya no le creo a nadie».

  • Los mejores diálogos se dan sin lugar a dudas en la carpa del campo. Entre «Alfredito», la paloma y un toro mecánico instalado ayer a última hora para que turistas y curiosos pasen y se diviertan, se ven además personajes como un gaucho puro, vestido con boina, bombacha de campo, chaleco, pañuelo y sombrero. «Probá. Se llama chifle», ofrece el campesino, quien convida esa bebida alcohólica en un envase particular. Es un cuerno de toro, manufacturado en forma de botella portabebidas.

    Pasadas las 17, sube al escenario improvisado por los estudiantes de la UBA, el historiador y politólogo especializado en temas agropecuarios, Juan Cruz Haime.

    «Durante 200 años nos llenamos la boca de federalismo, pero las batallas las ganaron siempre los unitarios», sintetiza y agrega «en nuestro país, la violencia siempre fue una regla y no una excepción».
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