La renuncia de Carlos Reutemann a la precandidatura presidencial acaparó ayer toda la atención en el Congreso. Hasta se postergaron las negociaciones para conseguir que la UCR dé quórum en la sesión destinada a archivar el juicio a la Corte Suprema. Curiosamente los más desconsolados con la deserción de Reutemann no fueron los santafesinos, sino los duhaldistas. Habían perdido a su candidato presidencial y algunos, como Eduardo Camaño o José María Díaz Bancalari, parecían no entender todavía que un motivo de la renuncia había sido precisamente no encabezar la herencia de Eduardo Duhalde. El menemismo, mientras tanto, celebraba como si hubiera ganado una elección. Frente a los pases internos que ya se insinuaban, Humberto Roggero comenzó a preocuparse por la pérdida de control de la bancada. En el radicalismo, Rofolfo Terragno vio un avance claro de Carlos Menem y llamó a una cruzada en su contra en términos casi religiosos. Pero pidió también no votar a Elisa Carrió. Los cavallistas parecieron haber perdido a un candidato de su propio partido.
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