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16 de abril 2003 - 00:00

Resultó un gesto electoralista

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Es cierto que bulle hoy un entendible sentimiento de indignación antinorteamericana en razón de una guerra que la mayoría del mundo considera que pudo evitarse o al menos demorarse. Pero ello no legitima «castigar» a Washington desamparando al pueblo cubano si es que allí se violan los derechos humanos.

Cualquiera de nosotros conoce a cantidad de personas que reclamaron apasionadamente por los derechos humanos en casos como Videla o Pinochet, y lo bien que hacían: ellos violaban sistemáticamente los derechos humanos. Pero esas mismas personas miran para otro lado cuando se trata de Fidel Castro. Eso es bastardear los derechos humanos y eso mismo es lo que acaba de hacer el gobierno transitorio del doctor Duhalde.




Hace tiempo que la Argentina y Brasil se deben mutuamente la coordinación de sus políticas exteriores. Algún día (pronto) lo intentaremos. Es de esperar que se lo encare de una manera más decorosa: Lula tomó su decisión sin consultar antes al presidente argentino. Presentar ahora este voto como producto de una coincidencia estratégica semeja más bien la patética letanía de la zorra frente a las uvas.

Fidel Castro acaba de encarcelar a casi ochenta periodistas y opositores y fusiló a tres civiles luego de un juicio sumarísimo de unos pocos días. Su delito consistió en tratar de huir de Cuba (lo mismo que les aplaudíamos a los alemanes que saltaban el muro). Su enjuiciamiento no fue público y sus defensas seguramente muy exiguas, si es que existieron. Sin embargo, el presidente argentino no consideró necesario explicarnos su cambio de voto a la luz de estas recientes lindezas del régimen castrista.

El embajador cubano en la Argentina se despachó públicamente contra un ex presidente argentino y el gobierno no lo citó para recordarle los límites de su función diplomática ni, de paso, preguntarle qué pasaría con un diplomático extranjero que exhibiese una conducta semejante en La Habana.

Repárese finalmente, que entre las razones que esgrime el presidente transitorio no figura, ni por un momento, el único elemento que debió tomarse en cuenta para decidir este voto: si en Cuba se violan, o no, los derechos humanos. Todo lo demás debe quedar afuera. El gobierno hizo exactamente al revés: tomó en cuenta todo lo demás y dejó afuera a los derechos humanos.

No está solo: una recorrida por la prensa argentina de estos días permitiría verificar que, con muy, muy pocas excepciones, cubren la noticia en términos de quién ganó o quién perdió la pulseada ideológica y casi ninguno, o ninguno, se va a tomar el trabajo de indagar a organismos como Amnesty International o Human Rights Watch para ver si el pueblo cubano sufre o no violaciones a los derechos humanos, que es lo único que nos debe importar.

Ayer a la tarde escuché por radio al doctor Duhalde contestar en una conferencia de prensa que los argentinos de hoy «no vivimos en un país normal». Me parece que tiene razón.

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