«Le he entregado al Presidente la propuesta de mandos y le pedí que la aprobara lo antes posible», se franqueó ayer el nuevo jefe del Estado Mayor del Ejército, general Roberto Bendini. Hasta el cierre de esta edición, no había novedades, pero este diario pudo saber que no serán más de 10 o 12 los generales que pasarán a retiro. También en forma sorpresiva y sin conocerse las razones, se suspendió el acto que debía realizarse hoy en el edificio Libertador, para que asumiera el brigadier mayor Jorge Chevallier como jefe del Estado Mayor Conjunto, en lugar del teniente general Juan Carlos Mugnolo.
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Mientras tanto, el gobierno envió al Senado un proyecto de ley de «excepción», para que se habilite el ascenso al grado superior del flamante jefe del Ejército, general de brigada Bendini, y al brigadier Carlos Rohde, nuevo titular de la Fuerza Aérea.
En ambos casos, los oficiales no cumplen con los tres años de permanencia en el cargo que exige el artículo 46 de la Ley 19.101, para que puedan ser ascendidos. No es el caso del contraalmirante Jorge Godoy, quien está en condiciones de ser ascendido a vicealmirante. Es por esto por lo que el gobierno solicitó al Congreso que se haga una «excepción», mediante la cual Bendini sea ascendido a general de división, con fecha retroactiva al 27 de mayo; y Rohde, a brigadier mayor. Este proyecto será analizado recién el martes en una sesión conjunta de las comisiones de Acuerdos y Asuntos Constitucionales y, en caso de recibir un dictamen favorable, podría ser votado en la sesión del día siguiente, miércoles.
En el acto por el Día del Ejército, en el Colegio Militar, las opiniones que se recogieron fueron dispares ante la guillotina aplicada por Néstor Kirchner, en su carácter de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, a la cabeza de los uniformados. Sin embargo, la mayoría sigue considerando exagerada la actitud del Presidente, más allá de las atribuciones que le asisten para hacerlo.
No faltaron tampoco los que consideraron que el jefe saliente, Ricardo Brinzoni, no debería haber ido al acto, exponiéndose a que el Presidente lo amonestara públicamente como finalmente lo hizo. Hubo quienes pensaron que incluso sería objeto de una sanción, algo que el ministro del Interior, Aníbal Fernández, se ocupó de minimizar y de descartar.
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