Tras el fraserío incendiario contra Cristina de Kirchner, Hugo Moyano se replegó entre sus fieles y le mandó a la Casa Rosada un mensaje que, en su lenguaje brutal, se interpretó como de concordia: su enojo no es con la Presidente, sino con su edecán político, Alberto Fernández. En público dos de los laderos del camionero, el judicial Julio Piumato y el panadero Abel Frutos, asomaron ayer para tratar de amortiguar las palabras que su jefe pronunció en Obras Sanitarias cuando amagó con ponerse «en la vereda de enfrente» del gobierno cristinista. Como traductores, Piumato y Frutos ratificaron el «mensaje» de Moyano, pero reformatearon su impacto: dijeron que se trató de un planteo genérico sobre el rol de la CGT, sin advertencias belicosas y que respaldan la administración de Cristina de Kirchner.
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En privado, los portavoces de Moyano usaron otro tono. Acusaron a Alberto Fernández de ser el promotor, en el seno del gobierno, de una postura antimoyanista. Y desempolvaron una figura que usaron antes: «Es el monje negro, el López Rega de Cristina». Por cortesía, evitaron pronunciar en voz alta el paralelismo tentador de comparar a la Presidente con Isabel Martínez. A la bonaerense de origen la llaman, por lo pronto, «esta señora», un antagonismo del «esa mujer» con que Rodolfo Walsh homenajeó a Eva Perón. También olvidaron profundizar en la hipótesis de que el responsable es sólo Fernández. En esencia, quien les dijo que no a las demandas que Moyano llevó la semana pasada a Olivos fue la Presidente. Sobre ese dato martillaban ayer en Casa de Gobierno. En tanto, en la única intervención oficial, en su debut como ministro locuaz, el bonaerense Florencio Randazzo buscó desdramatizarlas quejas de Moyano. «No es un desafío hacia el gobierno» de Cristina de Kirchner,aseguró el flamante titular de la cartera de Interior. «Nosotros venimos a profundizar el proceso iniciado por (Néstor) Kirchner, que, tras cuatro años de gestión, dejó las tasas de desocupación debajo de los dos dígitos, y bajó la pobreza y la indigencia», afirmó Randazzo, el único ministro que habló del affaire Moyano.
Desde temprano, la parrafada del camionerofue motivo de interpretaciones y enojos múltiples. Por la tarde, el eje cambió; la noticia llegada desde EE.UU respecto al «valijero» venezolano orientó la preocupación de la Casa Rosada en otra dirección. En medio de la tensión con el gobierno, Moyano planeaba anoche los detalles de un evento esta tarde en la CGT que prevé compartir con el ministro de Infraestructura, Julio De Vido, su principal interlocutor en el gobierno. Hasta ayer, no les habían avisado que no iría. Se sabe que en el duelo entre Alberto Fernández y De Vido, el camionero tuvo el respaldo del ministro de Infraestructura que, por orden de Néstor Kirchner, «entregó» las segundas líneas del área de Transporte a delegados puestos, a dedo, por los jefes sindicales. Por eso, Moyano se siente a gusto embistiendo contra el jefe de Gabinete, quien, sin embargo, suele responder sus ataques con flores. El show armado en las oficinas de Azopardo es para que el Sindicato Unico de Trabajadores del Espectáculo Público (SUTEP) le agradezca al camionero la gestión para destrabajar el conflicto del sector. Así lo dijo Miguel Angel Paniagua, titular del SUTEP. También, por la tarde, el panadero Frutos espera a Moyano para que lo acompañe en la inauguración de un hotel en Mar de Ajó. Para complicar un poco más las horas del camionero, trascendió ayer otro hecho de sangre que vincula a un sindicalista (ver aparte). Todo genera intrigas.
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