El diálogo en Brasilia de Lula da Silva, Néstor Kirchner y Hugo Chávez es más importante de lo que trascendió y clave para el futuro de Sudamérica. No sólo afectó a los países representados (Brasil, la Argentina y Venezuela) sino también a Bolivia y Uruguay, deliberadamente no invitados por lo que se iba a tratar. Entre los mandatarios concurrentes y los presidentes de los dos no convocados, Evo Morales y Tabaré Vázquez, hubo quienes ganaron y quienes perdieron en Brasilia. El que tuvo más logros fue Lula por una conocida y tradicional calidad operativa de la cancillería brasileña (Itamaraty) que en décadas de continuidad persigue objetivos por encima de los presidentes de cada momento de su historia. El segundo en logros -aunque bastante lejos del brasileño- fue Néstor Kirchner. Tercer beneficiado, el ausente uruguayo Tabaré Vázquez. Cuarto, Hugo Chávez y quinto y real más perdedor que ninguno, Evo Morales, que si alguna vez se quejó del «imperialismo» norteamericano tendrá que sobrellevar el más próximo y efectivo de las economías mayores del Sur. No es novedad que haya «antiimperialismo» por ideología o tradición y «antiimperialismo» por accionar próximo perjudicial, mucho más pernicioso para las poblaciones de naciones más pobres. Para cualquier provincia argentina, por caso, el «imperialismo» más grave no es el norteamericano sino el del puerto de Buenos Aires, ni las imposiciones más duras vienen de George Bush sino de quien esté al frente del Poder Ejecutivo en la Capital Federal.
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Si se pone en marcha el gasoducto Cuenca del Orinoco, de Venezuela al Río de la Plata con un costo de 20.000 millones de dólares, Brasil se asegura, ante cualquier interrupción o demora probable, que por lo menos acontezca cuando ya el tendido ingresó en su territorio. No es poco.
Néstor Kirchner resultó en logros en Brasilia segundo -ubicación que parece gustarle para todo menos para las urnas- porque ese gasoducto -y el solo anuncio de que se ponen en marcha los estudios prácticos de la obra el 1 de julio, probablemente con asistencia del rey de España- provocó un gran desaliento en Evo Morales, que vería perder para Bolivia la calidad de principal abastecedor de sus dos poderosos vecinos. Aunque tardará años en realizarse la gigantesca obra, si se hace, tal posibilidad limitará ahora las exigencias de Bolivia sobre aumento de precio del fluido. En el sueño de Evo estaba acercarse a los 6 o 7 dólares por medida de gas que cobra Canadá. Son diferentes las distancias en el Sur entre proveedor y abastecido y los técnicos no suponen que para la Argentina pudiera llegar el nuevo precio más allá de una franja entre 3 y 5 dólares. Con lo anunciado en Brasilia sobre el gasoducto la semana anterior, la nueva cotización del gas a acordar esté probablemente más cerca de 3 que de 5 dólares. Evo Morales en la campaña decía que no le interesaba el Mercosur. En su discurso al asumir el domingo, en cambio, pidió que la Argentina, Brasil y Venezuela no dejen afuera a su país de la integración energética proyectada. Una baja enorme en las pretensiones de un Evo Morales por ahora más emotivo que pensante, dado que el miedo que introdujo en un tema tan sensible como el de la energía terminó precipitando a sus clientes principales -sus «imperialismos» verdaderos- a proyectar la faraónica obra del gasoducto. Por eso sólo el nuevo mandatario boliviano, sin asistir, perdió más que nadie en ese diálogo en Brasilia.
El tercer ganador fue el uruguayo Tabaré Vázquez, que tampoco fue llamado. De la reunión de los presidentes de las 3 economías grandes de Sudamérica podía salir un ultimátum -ya lo había insinuado Brasil- para que no intente acuerdos individuales con Estados Unidos, tipo Chile. No pasó eso. El argentino Kirchner alentó los esfuerzos del Frente Amplio uruguayo por vender más y mejorar la economíauruguaya y hasta le redujoa «problema ambiental» (es una cuestión de salud poblacional en definitiva) la disputa por las papeleras sobre el río Uruguay. Por si fuera poco, probablemente el país oriental y Paraguay, los socios menores del Mercosur, recibirán mejor trato de Brasil y la Argentina.
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