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30 de abril 2007 - 00:00

Ridiculeces en cascada

Ridiculeces en cascada: creer que se hace política volcando un camión frente a la casa de los Kirchner en Río Gallegos (el chofer desquiciado que lo conducía); creer que se trataba de un activista a lo Al-Qaeda, pero manejado por los radicales (el ministro Aníbal Fernández hizo la acusación); creer que el contraataque sirve para ganar los votos (los radicales que denunciarán hoy persecución del oficialismo atribuyéndole actos de violencia). Todo vale en campaña, hasta las ridiculeces.

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El camión que protagonizó un «atentado » ayer contra la residencia privada de Néstor Kirchner en Río Gallegos. Por el hecho, el conductor del vehículo, un chileno nacionalizado argentino, se encuentra detenido.
El gobierno denunció ayer que el episodio protagonizadopor un camión robado que terminó volcando en la puerta de la casa de los Kirchner en Río Gallegos tuvo la intencionalidad de atentar contra la vida del Presidente. Lo anunció Aníbal Fernández, que ofició de vocero tanto de la investigación que lleva adelante la jueza penal Valeria López Lestón como de las actuaciones que lleva adelante la Gendarmería. La versión de los hechos que cuenta el ministro, de todas formas, tiene algunas diferencias respecto del comunicado oficial que emitió la gobernación y muchas más en relación con lo relatado por la oposición en la provincia. El hecho cambió el eje de la discusión social en Santa Cruz. No es, de todas formas, el primer hecho relacionado con los riesgos de vida para Kirchner: Edgardo Depetri denunció en dos ocasiones un complot para atacar no sólo al Presidente, sino también a otros mandatarios sudamericanos, una amenaza que, según Hugo Chávez, también se cierne sobre él.

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«Se trató de un intento de atentar contra la casa del Presidente. Los peritos me han informado de que se trató de un atentado», fue la calificación de ayer de Aníbal Fernández. Si algo faltaba para definirlo como un intento de magnicidio, están las declaraciones que se le atribuyen a José Walter Mansilla Alarcón, el vigilador que condujo el camión hasta la casa de los Kirchner: «Ustedes saben que hay dos bandos, y que a este nazi hay que eliminarlo ya», les dijo primero a los gendarmes que lo detuvieron en el lugar y luego a la Justicia.

El supuesto homicida fracasado tiene 33 años, es chileno nacionalizado argentino y cumplía funciones de vigilancia para la agencia Fortaleza en el corralón de materiales Hipertehuelche, de Río Gallegos.

La información oficial cuentaque el sábado, a las 9.45, Mansilla Alarcón robó un camión Scania 113, del que se estaban descargando materiales. Comenzó a acelerar golpeando algunos autos estacionados, vehículos de la Clínica Medisur, y más tarde dos ambulancias del Hospital Regional de Río Gallegos, hasta llegar a la calle 25 de Mayo, donde está la residencia de los Kirchner. Tomó esa calle de contramano, embistió otros autos y terminó volcando justo frente a la vereda presidencial, donde dejó el camión al grito de: «Hay que matar al nazi». «Hay que matar al Presidente.»

Fue arrestado por la Policía que custodia la casa y luego llevado, por su evidente estado de alteración, a un centro de salud mental, pero horas después, la Gendarmería aseguró que estaba en pleno uso de sus facultades mentales. Se informó también que se pudo constatar que había participado en las marchas de ADOSAC, los docentes que tienen en vilo a la provincia desde principios de marzo.

Todos lo elementos estaban dados. Como no podía ser de otra forma, el ministro del Interior complicó en el fallido magnicidio también a gremialistas, docentes y al radicalismo santacruceño, todos relacionados con las protestas sociales de los últimos meses. Responsabilizó a «todos aquellos que en vez de insistir para que esto pudiera tener una discusión ordenada y responsable terminaron llevando al extremo el conflicto gremial en Santa Cruz».

  • Menciones

    En el complot, entonces, pasaron a militar «locales y los importados que motivaron que hoy tengamos heridos que lamentar... y todos aquellos políticos que creyeron que de esta manera podían hacer oposición al Presidente», según sentenció el ministro del Interior. Sin dar nombres mencionó al intendente radical de Río Gallegos, Héctor Roquel, y al senador por la UCR, Alfredo Martínez, ambos desde ayer conspiradores.

    «La verdad es que éste es un muchacho al que se le salió la chaveta», dijo ayer el radical Martínez no sobre Aníbal Fernández, sino sobre Mansilla Alarcón, el fallido homicida. «Hizo un recorrido a lo loco, donde gracias a Dios no mató a nadie; si hubiera querido hacer un atentado, habría ido mas despacio», explicaba anoche el senador. «Además, se subió mientras estaban descargando el camión; este hecho no podía estar planificado jamás».

    El hecho permitió, de todas formas, conocer algunas intimidades de la vida diaria de los santacruceños. Por ejemplo, que el camión que corría a toda marcha con el intento de incrustarse en la casa de los Kirchner pasó, 100 metros antes de llegar, por uno de los puestos de Gendarmería que rodean esa residencia, una custodia que el oficialismo desmintió cuando las marchas de protesta en la ciudad enfilabanen esa dirección. Se duda, además, sobre si el agresor poseía un dato que todo galleguense conoce: Kirchner y su familia no habitan esa casa desde hace meses. El Presidente y Cristina Fernández ordenaron retirar de allí muebles y hasta se da por cerrada una operación de venta de la residencia -según algunos afirman- al consulado chileno. Mal informado, entonces, estaría el magnicida.

    «En la casa no hay nadie», decían ayer en Río Gallegos mientras Aníbal Fernández decía por radio que la madre y la hija del Presidente normalmente están allí.

    De acuerdo con los protocolos de seguridad presidenciales, Kirchner no podrá, entonces, circular más con libertad por las calles de Río Gallegos, aunque se solucione el conflicto docente.

    En realidad, el Presidente había dejado ya de visitar su ciudad natal y, por lo tanto, su residencia allí, por las protestas y la conmoción social que vive la provincia, especialmente como consecuencia del conflicto docente. Hace tiempo que desaparecieron las fotos oficiales en que se lo veía con amigos en los cafés de Río Gallegos durante los fines de semana que abandonaba Olivos. Pero al reconocer ayer oficialmente el gobierno el raid de un camión que terminó volcando en la vereda de esa vivienda en la capital de Santa Cruz, se pone en evidencia que la seguridad del Presidente queda ya seriamente comprometida allí.

    Aquí, en Buenos Aires, el tema despegó con mas ímpetu aún que en Santa Cruz. Un grupo de intendentes encabezados por Julio Pereyra repudió el intento de atentar contra la casa del Presidente. Alberto Descalzo, Osvaldo Amieiro, Raúl Othacehé y Andrés Arregui dijeron: «Este es un atentado a todo el pueblo argentino; es un hecho aislado, pero peligroso para la sociedad». «Ante el intento de atentado a la residencia particular del señor presidente de la Nación, cabe sólo manifestar el repudio y la preocupación por este hecho de violencia», dijo el mendocino Julio Cobos sumándose a la lista que integra también José Pampuro, que prometió: «Me he contactado con algunos de mis pares y la semana próxima pediremos a la Justicia que esta situación se investigue y se aclare». El santafesino Jorge Obeid fue aun más allá: «Los peronistas estamos preparados para defender a Kirchner ante cualquier ataque».
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