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2 de noviembre 2007 - 00:00

Se bajó (dicen) Alberto Fernández de viaje a Calafate

La "fumata" kirchnerista en El Calafate se quedó ayer sin uno de sus protagonistas estrella: en un alarde de autoridad, para que la prensa no le anticipe los pasos ni le marque la agenda, Cristina de Kirchner bajó ayer del avión a Alberto Fernández. El funcionario se preparaba a viajar al Sur, al igual que Carlos Zannini, para participar de una cumbre cerrada con el matrimonio presidencial destinada a abordar los temas más sensibles para el gobierno. Son ellos la lectura, con más profundidad y seriedad, del resultado del domingo -puntualmente en las grandes ciudades, donde la primera dama recibió fuerte rechazo-, los pasos de la "transición con continuidad" y un prediseño del gabinete que acompañará la gestión a partir del 10 de diciembre con dos interrogantes clave: ¿hasta cuándo seguirá Julio De Vido? y ¿qué rol tendrá Carlos Bettini, a quien ya imaginan como contrapeso de Alberto Fernández?

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Cristina de Kirchner y Néstor Kirchner.
Ensayo de ejercicio de la autoridad presidencial, Cristinade Kirchner bajó ayer del avión a Alberto Fernández para desactivar la versión de que el retiro de los Kirchner, con Carlos Zannini y el jefe de Gabinete en El Calafate, sería una ronda de devaneo político.

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«Descanso familiar» fue ayer la contrarrespuesta de la Casa Rosada que, en paralelo, transmitió que Alberto F., que tenía preparadas las mudas, se quedaba en Buenos Aires -posiblemente se tome unos días de reposo-y no participaría de la cumbre sureña.

Detallista, la primera dama hasta les encargó a sus colaboradores del Senado que -sin Internet-le faxeen las crónicas que publicaron los diarios sobre la « fumata K» con el Perito Moreno como telón de fondo.

Todo estaba previsto: no sólo que viajen Fernández y Zannini, consejeros íntimos del matrimonio, sino que, además, se indicó a varios funcionarios que estén «en zona» para, en caso de que los necesiten, volar al Sur para participar de la tertulia poselecciones.

Se sabe que a los Kirchner les molesta que les anticipen sus movimientos o les marquen la agenda. Fue suficiente que los medios hablen de reuniones de definición para que la primera dama, ya como copresidente, anule los encuentros.

Fernández debe de estar agradecido: agotado de tanto trajín, absorbido por el Presidente y su esposa, tendrá unos días para el relax.

En la residencia de El Calafate estaban ayer Kirchner, su esposa, sus hijos Máximo y Florencia, y los secretarios privados del Presidente y de la primera dama. Quizás en las próximas horas se incorpore Rudy Ulloa Igor, que cuenta como «de la familia».

Con Alberto F. y Zannini o si ellos, el matrimonio presidencial tiene una agenda con tres ejes para analizar, al margen de lo que los espera tras el descanso: la cita con el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon; la cumbre de Santiago, y la recepción de José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero lo doméstico es la obsesión principal:

  • Voto urbano. La catarata de votos que en la mayoría de las grandes ciudades se manifestaron contra la candidatura de Cristina de Kirchner es una preocupación para el gobierno, que entrevé un escenario complejo en el mediano plazo si no logra revertir,siquiera parcialmente, el altísimo nivel de rechazo que la candidata oficial tiene entre esos sectores de la clase media.

  • Transición. A 40 días del cambio de mando, en el gobierno trabajan sobre la figura de « transición con continuidad» que supone el cambio de administración. Se trata, en realidad, de programar una serie de medidas -orientadas no casualmente a los sectores medios-para estrenar en los primeros días de la administración cristinista. Son «gestos», llamados por los voceros como «cuestiones de forma», que suponen «cambios de fondo». Dos territorios donde habrá novedades: INDEC y comunicación oficial.

  • Gabinete. Es el aspecto más sensible, porque es el de mayor conmoción hacia adentro del gobierno. La salida de funcionarios -hay varios en lista-nunca es simple, como tampoco el desembarco de otros nuevos que, en general, debutan mostrando las mugres de sus antecesores o, como mínimo, se sientan en su oficina como si ese día empezara todo de nuevo. El eje está puesto sobre dos figuras: qué pasará con Julio De Vido -parece un hecho que seguirá hasta marzo-y qué rol tendrá, si es que finalmente tiene alguno, Carlos Bettini, embajador en Madrid y amigo de los Kirchner. La suerte de ambos está unida por un hilo casi invisible: los antialbertistas, que deshojan el almanaque previendo la caída de De Vido, imaginan a Bettini como el futuro contrapeso de Alberto Fernández. El jefe de Gabinete parece « condenado» a seguir en su cargo, aunque ayer, por radio, dijo que nunca habló con la presidente electa sobre su eventual continuidad.
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