Carlos Tomada proviene de la gestión Duhalde, cuando ocupó la Secretaría de Trabajo. Con la llegada de Néstor Kirchner fue ungido en 2003 como ministro a cargo de la cartera laboral.
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En ese entonces, la tasa de desocupación era de 20,4% y la de subocupación de más de 17%. Se pagaba una cifra superior a los 2 millones de planes Jefes. Pero gracias a la fuerte recuperación económica desde el abismo de 2002, junto con el impacto interno de la bonanza externa se logró el derrumbe del desempleo a niveles de 8,5% (sin contar los beneficiarios de planes Jefes).
En realidad, el ministro Tomada fue un mero espectador y gran beneficiario del sostenido crecimiento de la economía.
Prácticamente, no hubo política laboral más que la tragicomedia de las paritarias, que fortaleció las arcas sindicales y poco y nada hizo por los salarios reales.
Hasta ahora, el trabajo de Tomada fue fácil: sólo ver cómo crecía el empleo de la mano de la reactivación. Hacer la plancha, sin irritar al Presidente con declaraciones arriesgadas e ir cada mes al Salón Blanco a anunciar el aumento del empleo. Con los buenos lazos sindicales que tendió logró sobrevivir en sano equilibrio, entre las apetencias gremiales y las necesidades políticas de Kirchner.
Lanzó uno que otro plan de promoción del empleo en blanco y de capacitación, pero existe aún una importante masa de trabajadores no registrados que además no se han visto favorecidos de la mejora de los ingresos.
Tendrá seguro una participación interesanteen el promocionado pacto social que pretende amalgamar Cristina de Kirchner como bandera de su administración.
Esta segunda gestión lo pone en el desafío, ahora sí, de mostrar qué políticas y estrategias tiene pensadas para bajar la tasa de desempleo y el empleo en negro, ahora que se desacelera la tasa de crecimiento económico.
El primer test que enfrentará Tomada serán las paritarias en el primer trimestre del año, donde las huestes sindicales lideradas por Hugo Moyano no darán tregua mostrando que el camionero tiene el poder real de parar el país. Mientras intentarán desplazarlo de la conducción de la CGT para reemplazarlo por alguien más afín al espíritu del pacto social productivo, como puede ser un dirigente de la industria metalmecánica.
La pulseada muestra por el momento una demanda salarial que duplica los deseos gubernamentales.
Después deberá lidiar con la negociación dentro del pacto social, y pese a las simpatías que cosecha entre miembros de la UIA, se teme cierto sesgo a favor de los gordos de la CGT. Tiene también asignaturas pendientes, como el reordenamiento de la legislación de accidentes laborales e incluso ajustes a la reforma previsional.
Una figura clave será el sucesor de Sergio Massa en la ANSeS, quien eclipsó a Tomada prácticamente dejándolo de lado en las principales reformas vinculadas a su cartera desde los aumentos jubilatorios hasta la reforma previsional.
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