4 de mayo 2006 - 00:00

Se lució ministro ante diputados demasiado simples

Revisar rutinas es un mandato de cualquier organización eficaz, rubro en el que no entra el Congreso de la Nación. Los diputados se quejan de que los jefes de Gabinete no cumplen con la obligación de dar el informe mensual, pero cuando el funcionario va, desperdician la oportunidad, no ya desde el interés público; no lo aprovechan ni para la mezquindad partidaria o para el lucimiento, que es uno de los costados de la vida pública. Se justifican entonces los arranques burlones de Alberto Fernández ayer ante la liviandad de la mayoría de los diputados que asistieron al informe -una rareza que no suele practicar ni éste ni otros gobiernos-. Fernández estuvo además agresivo al defender las posiciones del gobierno sobre el control de precios y las papeleras; es su deber, más allá de las ópticas parciales. Pero tampoco fueron agresivos en los cuestionamientos los diputados opositores, que han ganado sus bancas para refrescar y aun alimentar la vida republicana sosteniendo ideas, proyectos y argumentos alternativos, diferentes de los que defienden los gobiernos, y más esta administración, que se solaza en desplegar maniobras y mecanismos para acallar a las voces críticas de lo que hace. Se justifica también que mañana éste u otro jefe de Gabinete no asista a dar el informe mensual, algo que es en definitiva una degradación de la política porque lo ordena la Constitución, y si se aplicase con corrección, es un instrumento que hasta podría ser un mecanismo de remoción del funcionario.

Se lució ministro ante diputados demasiado simples
Alberto Fernández privilegió ayer la demanda argentina en la Corte Internacionalde Justicia de La Haya, ante una eventual fisura del Mercosur. Al brindar informes sobre la marcha del gobierno en la Cámara de Diputados, el jefe de Gabinete aseguró: «Kirchner es presidente de los argentinos y no del Mercosur. Acá está en juego la salud de nuestros ciudadanos».

La prédica populista de Fernández tuvo su puntapié inicial con el abrazo que el funcionario le propinó a Miguel Bonasso, quien retomó su labor de legislador tras meses de ausencia en el recinto.

Las críticas opositoras confluyeron en torno al mal manejo de las relaciones exteriores del país que derivaron en el diferendo diplomático con Uruguay. «Es necesario desestatizar este conflicto, que es entre empresas y la sociedad civil. Ahora lo único que nos queda es recurrir a La Haya. Pero yo también me acuerdo cuando los argentinos aplaudían a Galtieri», recordó en clave bélica Elisa Carrió. El radicalismo, que participará a través del gobernador mendocino filokirchnerista Julio Cobos en el acto de mañana en Gualeguaychú, definió el conflicto por las papeleras como una cuestión de interés nacional. «La crisis con Uruguay no se agota ni con el acto ni con la demanda en La Haya. El gobierno actúa unilateralmente e implementa una estrategia de destrato al no haber respondido por escrito las preguntas que le formulamos a Fernández».

Apenas ingresó en el recinto, Fernández calificó de «burocrático» el precepto constitucional que lo obliga a brindar informes mensualmente ante los diputados -de hecho, no se presentaba ante la Cámara baja desde hacía más de un año. Justificó sus ausencias, además, en la campaña electoral de octubre pasado.

  • Calificativos

  • «Histórico», «brillante», «sin igual», fueron algunos de los calificativos a los que el jefe de Gabinete recurrió para describir la gestión de Néstor Kirchner. Luego de brindar su testimonio, los diputados kirchneristas vivieron casi un clima de algarabía. Nunca soñaron con una sesión tan controlada, sin sobresaltos, ni ataques certeros de la oposición que lució resignada ante el ejercicio hegemónico de poder del oficialismo, que domina ampliamente la Cámara. La ira de los diputados opositores tras la comparecencia de Fernández se palpaba en los pasillos del Congreso. «Nos trató como unos inútiles», se quejaba airadamente un ex duhaldista rebelde.

    Fernández casi se burló de los legisladores opositores. Se dirigía a ellos menospreciándolos, prestándoles la mínima atención posible. Conversando con sus asesores, mirando reiterada e impacientemente su reloj mientras se dirigían a él.

    A la macrista Paula Bertol le dijo que le guardaba un gran afecto pero que él, a diferencia de ella, había sabido evolucionar a tiempo. A Eduardo Macaluse, jefe de los diputados del ARI, lo acusó indirectamente de desconocer conceptos básicos del derecho penal. «Como no pude venir al Congreso, presentaron una denuncia penal en mi contra por incumplimiento de los deberes de funcionario público. Seguramente no lo hicieron de mala fe, sino porque desconocen las bases de la teoría del delito. Ya que esa figura penal exige el dolo activo», explicó Fernández dirigiéndose a Macaluse a quien definió como su «amigo-denunciante».

    El funcionario incluso tuvo tiempo para pegarle al radicalismo donde más le duele: en la falta de perfil opositor del partido: «Coincido con lo expresado por Chironi -jefe de los diputados de la UCR-. Esta Cámara necesita hacer una autocrítica sobre su funcionamiento y no buscar siempre las soluciones en el Poder Ejecutivo». El jefe de gabinete se apropió así de los argumentos expuestos por la UCR en el recinto en un intento por vaciar así de rebeldía el discurso radical.

    El bloque del Frente para la Victoria había preparado una estrategia destinada a defender con interrupciones de sus diputados cada uno de los ataques de la oposición.

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