Se lució ministro ante diputados demasiado simples
Revisar rutinas es un mandato de cualquier organización eficaz, rubro en el que no entra el Congreso de la Nación. Los diputados se quejan de que los jefes de Gabinete no cumplen con la obligación de dar el informe mensual, pero cuando el funcionario va, desperdician la oportunidad, no ya desde el interés público; no lo aprovechan ni para la mezquindad partidaria o para el lucimiento, que es uno de los costados de la vida pública. Se justifican entonces los arranques burlones de Alberto Fernández ayer ante la liviandad de la mayoría de los diputados que asistieron al informe -una rareza que no suele practicar ni éste ni otros gobiernos-. Fernández estuvo además agresivo al defender las posiciones del gobierno sobre el control de precios y las papeleras; es su deber, más allá de las ópticas parciales. Pero tampoco fueron agresivos en los cuestionamientos los diputados opositores, que han ganado sus bancas para refrescar y aun alimentar la vida republicana sosteniendo ideas, proyectos y argumentos alternativos, diferentes de los que defienden los gobiernos, y más esta administración, que se solaza en desplegar maniobras y mecanismos para acallar a las voces críticas de lo que hace. Se justifica también que mañana éste u otro jefe de Gabinete no asista a dar el informe mensual, algo que es en definitiva una degradación de la política porque lo ordena la Constitución, y si se aplicase con corrección, es un instrumento que hasta podría ser un mecanismo de remoción del funcionario.
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Fernández casi se burló de los legisladores opositores. Se dirigía a ellos menospreciándolos, prestándoles la mínima atención posible. Conversando con sus asesores, mirando reiterada e impacientemente su reloj mientras se dirigían a él.
A la macrista Paula Bertol le dijo que le guardaba un gran afecto pero que él, a diferencia de ella, había sabido evolucionar a tiempo. A Eduardo Macaluse, jefe de los diputados del ARI, lo acusó indirectamente de desconocer conceptos básicos del derecho penal. «Como no pude venir al Congreso, presentaron una denuncia penal en mi contra por incumplimiento de los deberes de funcionario público. Seguramente no lo hicieron de mala fe, sino porque desconocen las bases de la teoría del delito. Ya que esa figura penal exige el dolo activo», explicó Fernández dirigiéndose a Macaluse a quien definió como su «amigo-denunciante».
El funcionario incluso tuvo tiempo para pegarle al radicalismo donde más le duele: en la falta de perfil opositor del partido: «Coincido con lo expresado por Chironi -jefe de los diputados de la UCR-. Esta Cámara necesita hacer una autocrítica sobre su funcionamiento y no buscar siempre las soluciones en el Poder Ejecutivo». El jefe de gabinete se apropió así de los argumentos expuestos por la UCR en el recinto en un intento por vaciar así de rebeldía el discurso radical.
El bloque del Frente para la Victoria había preparado una estrategia destinada a defender con interrupciones de sus diputados cada uno de los ataques de la oposición.



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