Graciela Giannettasio, vicegobernadora de Buenos Aires, se mostró junto a Eduardo
Duhalde en el acto de la CGT por Perón. En la foto, ingresa a la sede de Azopardo junto
a su esposo, el economista Rafael Saiegh, y el jefe del bloque PJ de diputados, José
María Díaz Bancalari.
Finalmente, el acto de la CGT se convirtió en el principal homenaje por el traslado de los restos de Juan Domingo Perón. La violencia generalizada de San Vicente impidió la presencia de Néstor Kirchner, Raúl Alfonsín, Eduardo Duhalde y Felipe Solá. Entonces, la cede de la central sindical se transformó en el «hall of fame» del paganismo peronista.
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El viaje de Perón, tramo Chacarita-CGT, se adelantó casi cuatro horas. Salió del cementerio a las 7.15, recorrió una casi desierta avenida Corrientes y, en 30 minutos, llegó hasta el local gremial de la calle Azopardo. Allí lo recibió el cacique taxista Omar Viviani en medio de un paisaje dominado por el barroco peronista. La UOCRA, la intendencia de Berazategui -del intendente Juan José Mussi-, los camioneros de Hugo Moyano y las 62 Organizaciones de Gerónimo Venegas empapelaron y embanderaron las adyecencias de la CGT sin ninguna referencia a Néstor Kirchner ni a su sello, el Frente para la Victoria.
El sincretismo político del acto en la CGT mezcló el culto a los restos de Perón, la reivindicación del rol de los sindicatos en el movimiento justicialista -como mensaje cifrado dirigido al Presidente-, bombo, baile y hasta cholulismo político encarnado en las presencias del cumbianchero noventista «Ricky» Maravilla y el Midachi «Daddy» Brieva.
Extraño homenaje el recibido por el máximo líder de los peronistas. Apenas llegado al local sindical, el cajón fue depositado en el oscuro garaje de la CGT, seguramente el ambiente menos puro y sacro del lugar. Casi cinco horas permaneció allí, donde el féretro con el cadáver del fundador del justicialismo recibió el responso sacerdotal de un prelado castrense. Por allí circuló la plana mayor del PJ para rendir un homenaje íntimo al prócer de los trabajadores.
Pero el acto central se desarrolló en el salón Felipe Vallese de la CGT. Allí, Hugo Moyano afirmó que «hoy es un día histórico porque comienza a cumplirse el deseo de (Juan Domingo) Perón de descansar en la provincia de Buenos Aires».
Otro de los oradores fue Eduardo Duhalde, quien pidió que «en algún momento el General (Juan Domingo Perón) y Evita descansen juntos en San Vicente» y enseguida se dirigió al «Momo» Venegas para decirle que «hoy venía y es evidente que hoy voy a estar», lo que fue entendido por los asistentes como que también asistiría a la caótica ceremonia en San Vicente.
Alma máter de la idea de trasladar los restos del General a la provincia de Buenos Aires, el ex presidente agregó: «Perón no estaba donde estaba porque quisiéramos, fue la dictadura que nos obligó a llevarlo allí», en referencia al cementerio de la Chacarita.
José Manuel de la Sota también habló en el homenaje central. Casi ingenuamente, aportó a que el traslado de los restos del ex presidente Perón a la quinta de San Vicente «servirá para unir al peronismo». La batalla campal posterior desmintió los deseos del gobernador cordobés. «Esto va a servir porque el peronismo es un movimiento plural que tiene múltiples expresiones», expresó De la Sota, quien, además, destacó el valor emotivo de la quinta de San Vicente, al subrayar que «fue el lugar donde Perón se amó intensamente con Evita, incluso antes de que el propio poder se lo impidiera». El ex duhaldista y neokirchnerista José María Díaz Bancalari se ocupó por destacar que «la intención del peronismo de la provincia de Buenos Aires -que preside- es que el acto sea una expresión de argentinidad y de un compromiso con la democracia, con pluralismo político y espíritu ecuménico, de amplio consenso en todos los sectores». El diputado exhortó a que Perón «descanse en paz donde siempre lo deseó».
Presencias
Otras de las presencias en el acto fueron el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti; el de Salta, Juan Carlos Romero, y la vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires, Graciela Giannettasio.
También abundaron los dirigentes sindicales como Rodolfo Daer, José Pedraza, Luis Barrionuevo, José Luis Lingieri y Amadeo Genta, entre otros. El ala kirchnerista estuvo tímidamente representada por los diputados Dante Dovena y Juan Manuel Urtubey.
Apenas pasadas las 12, el cuerpo de Granaderos a Caballo, escoltado por la fanfarria Alto Perú, se ubicó frente a la CGT a la espera de la salida del féretro, desde un portón, a pocos metros de la entrada principal. La marcha peronista comenzaba a retumbar, y lo peor estaba por venir.
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