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10 de julio 2007 - 00:00

Sigue en riesgo el cupo femenino del gabinete

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Dramática situación atraviesa parte del cupo femenino en el gobierno: al borde del abismo se encuentran Felisa Miceli y Romina Picolotti (una en terapia intensiva, la otra en coma 4). Quien más sufre estos tropiezos, claro, es el Presidente, un Hamlet de medianoche que no sabe si echarlas a ambas, a una sola o defenderlas. No es la lucha por estas damas su dilema, sino por la supervivencia electoral de su propia dama, la candidata Cristina de Kirchner.

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Ayer Néstor Kirchner tuvo un gesto: llevó a su ministra a Tucumán, aunque casi no le dirigió la palabra y en el avión se encerró en la cabina principal sin conversar con nadie. Más que madura la palabra: preocupado. No es el único: Alberto Fernández se quedó -presuntamente descompuesto- para hablar por radio y ordenar calma. Hasta ahora, con la Miceli se ha ensayado un plan defensivo de emergencia, se ordenó inclusive que se exprese la satisfacción parcial del mandatario por las explicaciones de ella (a propósito de la bolsa con dinero que se encontró en su baño del ministerio). Una forma de ganar tiempo para ver si el clima cambia. Pero ni él cree en esas aclaraciones algo pueriles, contradictorias, titubeantes, que lastiman hasta el oído de aquellos que simpatizaban de la mujer. Y ella, quien trata de protegerse, ingresó -mientras se fotografía sonriente- en el capítulo excusatorio de penosas denuncias (intereses ajenos, apropiación de cargos) como si la bolsa no fuera suya (a menos, como ha comenzado a circular, que le perteneciera sólo una parte de su contenido). Hoy continuará su martirologio: el Banco Central dirá que los fajos (los «ladrillos», según la jerga) con su sello fueron entregados a una financiera y que el sobre de papel madera que los guardaba, con el logotipo de la institución, son de reparto masivo y anónimo. Más complejidad para el fiscal, renovación de sospechas. De ahí que a la ministra le recomendaran que, antes de cualquier declaración, consulte con el jefe de Gabinete y que, previo a cualquier presentación judicial, recurra al secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini. Demasiadas precauciones para una inocente.

  • Impacto

  • En cuanto a la Picolotti, asediada por el monopolio «Clarín» -ahora presumiendo de una investigación propia sobre espurios comportamientos del gobierno cuando en casi dos años no hizo ningún tipo de indagación-, está claro que el Presidente no parece dispuesto a defenderla: sea por lo burdo de sus justificaciones sobre contratos de personal o aviones privados, la poco presentable exposición de ella misma al respecto frente a los medios, o porque ya no dispone de la cintura ni del peso necesario para confrontar con el grupo económico antes de los comicios. En la balanza, la Picolotti registra menos que 100 gramos de jamón, aunque ella aduzca (quizá lo haga hoy por escrito), que «Clarín» la persigue porque le trató de imponer una multa a la contaminación de Papel Prensa). Su salida, en apariencia, sólo impactaría en el ala progresista del gobierno, pecaminosa como otras, al revés de una Miceli cuya despedida puede ser a tambor batiente dejando un campo arrasado en materia de moral, confiabilidad y decencia. Impuesto a pagar por el matrimonio que gobierna.

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