El presidente ruso, Vladimir Putin, el 12 de agosto de 2000, junto a la viuda y la hija del comandante del submarino nuclear Kursk, hundido en el Mar de Barents. Fue un gesto del mandatario para revertir las críticas a su inicial indiferencia ante la tragedia.
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Ambos casos presentan algunos paralelismos notables. Como Kirchner, Putin se había tomado unos días de descanso cuando se desató el drama. Había viajado a Informate más
Por supuesto, tal como se escuchó ayer al presidente argentino, Obviamente, semejantes declaraciones no alcanzaron para despejar la tormenta política que lo rodeaba, atizada por los tropiezos de la Armada para sacar a flote al submarino (y, acaso, encontrar sobrevivientes), por el rechazo oficial a la ayuda ofrecida por varios países de Occidente para dicha tarea y por el temor a que los componentes nucleares de la nave siniestrada contaminaran seriamente la zona del hundimiento.
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