Apenas una semana después de ser indultado por Eduardo Duhalde, el ex guerrillero Enrique Gorriarán Merlo reapareció ayer públicamente. No lo hizo para expresar arrepentimiento por el cruento e injustificable copamiento del cuartel militar de La Tablada, que comandó en 1989 dejando 39 muertos, sino para, insólitamente, reivindicarlo e insistir en su extraña tesis de una conspiración golpista contra el ex presidente Raúl Alfonsín. Desconociendo el lugar que cabe a una persona perdonada por crímenes tan graves, relanzó ante los medios su Movimiento Todos por la Patria, anunció un proyecto para impulsar la revocación de los mandatos y, en el colmo del atrevimiento para alguien carente de la más mínima representatividad, aseguró que su grupo reclamará "ser consultado" en lo referente a la deuda externa. Ni siquiera agradeció el indulto tan cuestionado, afirmando que apenas se trató de "la reparación de una injusticia", ya que -dijo con obviedad- estaba preso por un hecho del pasado. Eso sí, al menos dejó un consuelo: prometió que "no hay ninguna posibilidad de retomar la lucha armada".
Tanto el ex terrorista y jefe del Movimiento Todos por la Patria, Enrique Haroldo Gorriarán Merlo, como el ex líder carapintada y ex coronel Mohamed Alí Seineldín -ambos indultados por Eduardo Duhalde poco antes de entregar el mando presidencial-, han manifestado que reincidirán en sus por ahora frustrados sueños de liderar un partido político.
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Al revés de lo ocurrido con hombres como Mario Firmenich -indultado por Carlos Menem-, que terminó radicándose en España donde realizó estudios universitarios y sólo de vez en cuando se tienen noticias de él, Gorriarán y Seineldín quieren hacer política. Han manifestado su intención de integrarse al libre juego político que habilita la democracia y confrontar con el resto del espectro político. Solos o aliados con alguna otra fuerza dispuesta a hacerlo.
Sin embargo, mientras «el Turco» ha manifestado cierto grado de arrepentimiento, seguramente influido también por los años de prisión que debieron afrontar los militares -y las familias de éstos-que adhirieron a sus ideas, no pasa lo mismo con Gorriarán Merlo. Este ex terrorista, que en su momento alquiló sus servicios para asesinar al ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza, cuando estaba asilado en Asunción (Paraguay), ha manifestado en una reunión política realizada en el Café Tortoni que no está arrepentido del ataque perpetrado al Regimiento 3 de Infantería en la Tablada, en enero de 1989.
•Retroceso
Este episodio violento, junto al ocurrido en diciembre de 1990 y liderado desde San Martín de los Andes, donde estaba preso, por Seineldín, es un hecho que para muchos argentinos significa retroceder a los años '70, con los resultados que conocemos y aún hoy padecemos. La violencia de cualquier signo, como forma de expresión política, es repudiable.
En un documento que leyó antes de la conferencia de prensa, el ex guerrillero llamó a la «unidad nacional para defender nuestra cultura y nuestros bienes de quienes pretenden su apropiación. Incluye a todas las fuerzas políticas, sociales y empresariales que, con matices, son opuestas al neoliberalismo, y excluye a quienes cometieron o cometen delitos de lesa humanidad». Gorriarán Merlo afirmó que el ex presidente Carlos Menem y Seineldín conspiraron para dar un golpe de Estado contra el gobierno de Raúl Alfonsín. Dejando abierta la chance de que su partido, el Movimiento Todos por la Patria (MTP) se presente a las elecciones de 2007.
«Nadie nos creyó, pero nosotros advertimos que se preparaba un golpe de Estado contra Alfonsín, donde conspiraban Menem y Seineldín, y hablamos con todos: con Enrique Nosiglia, con sectores del peronismo y por eso nos vimos obligados a actuar en La Tablada para frenar ese golpe», sostuvo Gorriarán Merlo durante su contacto con la prensa, en el Café Tortoni. De ese modo buscó justificar que el grupo «actuó con toda honestidad en La Tablada», y aclaró que « no lo volvería a hacer porque las condiciones históricas son distintas». Reiteró que ya no se pueden repetir experiencias como la lucha armada. Diferenció los hechos de La Tablada de la sublevación de Seineldín en diciembre de 1990: «No hubiéramos repetido lo de La Tablada en ese momento, porque ya había caído el Muro de Berlín y los Estados Unidos no apoyaban nuevos golpes militares. Seineldín no tenía posibilidades de imponer un golpe contra el entonces presidente Carlos Menem».
Sobre el indulto que le concedió Duhalde, lo evaluó como « la reparación de una injusticia» y acerca de la liberación de Seineldín se mostró «dispuesto a convivir en democracia con el enemigo, salvo con aquellos que cometieron delitos de lesa humanidad, y no existen pruebas de que Seineldín los haya cometido».
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