Sin contacto en Francia
No está claro si Jacques Chirac no iba a venir a la Argentina por el maltrato que le viene infligiendo a su país el gobierno de Néstor Kirchner. O si ésa fue la excusa del propio gobierno para poder violentar la voluntad popular designando al diputado electo Rafael Bielsa como embajador. La verdad es que Chirac no está bien de salud y, quizá, no viaje a ningún país de la región. Sin embargo, tal vez ahora sí, ni siquiera estando sano pasaría por Buenos Aires. Todo el episodio Bielsa, con la última renuncia incluida, terminó por ofender al gobierno francés. Por eso, el argumento que se utilizó como coartada al comienzo de esta peripecia ahora se vuelve cierto: Jorge Taiana deberá proponerle a Kirchner como embajador en París a un gran profesional para mejorar las relaciones con Francia, sobre todo si pretende obtener el plácet razonablemente rápido.
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Jacques Chirac
A este relato le corresponde la anécdota que circula, imprecisa, por Buenos Aires, desde antes de ayer. Afirma que Bielsa se encontró en París, de regreso desde China, con su amiga Julieta Nonno (pelirroja, ex guerrillera, próspera exiliada desde hace décadas, vestuarista en películas de Edgardo Cozarinsky y alumna del pintor Antonio Seguí) y que le dijo: «No sabés la noticia que vas a tener el 12 de diciembre». ¿Cuál sería la novedad? ¿El anuncio del nombramiento del nuevo embajador y ex canciller? Ahora, sucedidos los hechos, la Nonno confiesa que se trataba sólo de su propia designación como agregada cultural en París.
Así como esta historia tuvo dos comienzos, también tiene el atractivo de los dos finales. ¿Fue una comadre del barrio la que, indignada, desató las tribulaciones morales de Bielsa? ¿O fue el adelanto de que su «plácet» tardaría milenios antes de que el Quai d'Orsay lo concretara? Sucede que los malos tratos al gobierno francés son ciertos, sólo que muchos de ellos fueron infligidos por Bielsa. Es decir, con su conducta de los dos últimos días coronó una serie de ofensas. ¿O no fue él quien llamó por teléfono al embajador Francis Lott para, con tono insultante, reclamarle por haber dicho que el oficialismo argentino era «sesentayochesco»? ¿No fue el neodiputado quien convocó después a Lott al Palacio San Martín para hacerlo atender por su jefe de Gabinete, Aníbal Gutiérrez? Es posible que el embajador de Francia haya hecho un guiño cortés a la designación de su ocasional verdugo como colega en París. Pero ¿la administración del Quai d'Orsay, de la que Lott fue jefe, sería consecuente con esa cordialidad? Ya le sucedió a la Argentina en los '90 que un país importante de Europa le rechazara una solicitud de plácet.
Tal vez el caso se hubiera repetido ahora, sobre todo con un gobierno que ha tardado 56 días para concederle el visto bueno a la postulación -en el caso de un país vecino- de un «full ambassador» de gran trayectoria. ¿Cuándo regresaría la solicitud sobre Bielsa, que ayer todavía dormía en la Embajada de Francia en Buenos Aires? Tal vez meses. Seguramente más de lo que recomienda tolerar la «doctrina Quintana» (por «Henry», sumo sacerdote de los manuales de uso de la diplomacia del Palacio San Martín), según la cual habría que retirar el pedido de plácet una vez que se cumplieron los 30 días de su remisión.
Sea cual fuere la razón secreta del desistimiento de Bielsa, el grito de la vecina o el más sigiloso rechazo de París, lo cierto es que su peripecia administrativa seguirá dando que hablar, ahora en el Congreso. Motivo por el cual hay que estar alerta a nuevos anuncios del poeta.
Quizá siga renunciando, a todo, y decida recluirse en un convento. Eso sí, «como Carlos V», es decir, a lo grande, como siempre.



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