7 de diciembre 2005 - 00:00

Sin proceso, Patti ya está suspendido

El 23 de octubre pasado, 372.840 bonaerenses votaron por Luis Patti para que fuera diputado nacional (5,92% del padrón del distrito más grande del país). El y uno más de la lista alcanzaron los votos necesarios, pero ayer una masiva votación de sus pares de la Cámara le puso freno a la jura. Una comisión compuesta con la misma proporcionalidad de ayer debe decidir si tiene prestigio para sentarse en la banca. Patti se defiende con el argumento de que no tiene procesamiento alguno en causas ni comunes ni por delitos de lesa humanidad. El aliento del oficialismo se entiende porque intenta lavar sus responsabilidades en el caso Borocotó; el hegemonismo elige así a sus legisladores, elige a la oposición que mejor le conviene y marca también a los enemigos. ¿Acaso no paga Patti con esto su alianza con el duhaldismo, algunos de cuyos legisladores ayer votaron contra su jura en Diputados? La debilidad creciente del sistema político y electoral dio un paso más hacia abajo ayer en el país. Hubo un caso Bussi antes, pero se trató de un hombre con procesos y perdones. Quien acusaba ayer a Patti -podría ser cualquier otro legislador más simpático- era Miguel Bonasso, que se benefició de los indultos de Carlos Menem. En la sesión de ayer, encima, se autorizó la jura de Eduardo Borocotó, que había sido precandidato a vicegobernador junto a Patti en 1999. La diferencia es que cruzó el Jordán por la vía rápida de las alfombras de la Casa de Gobierno. En realidad, no es Patti ni sus ideas -que lo llevaron a aliarse al duhaldismo, culpable de tantos males-; es cualquier ciudadano que no pertenezca al círculo de poder que puede perder sus derechos. No extrañe que ayer el ARI de Carrió hiciera la más severa advertencia sobre el riesgo que este caso tiene para todo un sistema herido por enormidades de los dirigentes que tuercen las normas en su beneficio y que castiga al conjunto. Si se suman los votos de Patti a los 367.160 de Rafael Bielsa en Capital Federal, ya son 740.000 votantes que se quedan sin representación y cuya voluntad ha sido defraudada.

Luis Patti y Eduardo Lorenzo Borocotó
Luis Patti y Eduardo Lorenzo Borocotó
La sesión de jura de ayer de los nuevos diputados nacionales terminó con un resultado previsible: la Cámara aceptó el pedido de impugnación contra Luis Patti presentado por amigos del oficialismo, que pasa ahora para análisis en comisión con final también cantado, y rechazó las tachas sobre Eduardo Lorenzo Borocotó -que presentó el macrismo- y la mendocina kirchnerista Susana Genem -que alentaba el ARI-.

Fue el plato central de una sesión que tuvo muchas otras novedades. Debutó el kirchnerismo controlando el recinto, asumieron Alberto Balestrini y Patricia Vaca Narvaja la máxima conducción de la Cámara y el radical Fortunato Cambareri se hizo de la vicepresidencia segunda a pesar de que 15 diputados de su bloque se pronunciaran públicamente en contra de su candidatura.

La sesión de ayer, en realidad, comenzó mucho antes de que los diputados y las barras tomaran su lugar en el recinto. Poco antes que columnas de piqueteros y oficialistas rodearan el Congreso. Fue cuando se conoció la renuncia de Rafael Bielsa a la banca para ocupar la embajada argentina en Francia. En la práctica esa salida violenta del ex canciller de la órbita cercana del kirchnerismo no causó cambios en la ceremonia, pero terminó de conformar un ambiente de degradación institucional que se venía perfilando con las impugnaciones presentadas contra Patti y la segura habilitación de Borocotó que se presentía.

Un aire a Legislatura porteña invadió el recinto hacia el inicio de la sesión. Como en pocas ocasiones, no sólo familiares de los nuevos diputados habían tomado los palcos, sino también barras de piqueteros, militantes traídos por Patti desde Escobar y algunos micros llegados desde La Matanza para saludar a Balestrini. Todos los visitantes ocuparon pasillos, el Salón de Pasos Perdidos y hasta se tuvo que habilitar el Salón Azul. Adentro del recinto arreciaban los cánticos cruzados y hasta se desplegaban banderas, algo que normalmente está prohibido.

• Gritos

En las bancas los protagonistas, Patti y Borocotó, soportaban con estoicismo los gritos a favor y en contra. Era imposible olvidarse que el Borocotó allí sentado había sido anunciado por el mismo Patti para acompañarlo en la fórmula como candidato a vicegobernador en 1999, unos meses antes que Eduardo Duhalde consiguiera seducir al médico. Otros recordaron que el kirchnerismo había querido convocarlo a sus filas de candidatos en algún momento, pero que el intento había sido abortado frente a las posiciones poco garantistas que sostenía Borocotó en materia delictual.

La sesión comenzó con el debate por la jura de Patti. Las mejores defensas que tuvo el ex comisario fueron la suya propia y otra técnico-legal de Jorge Landau. El duhaldismo tuvo una posición que, a algunos, les costó explicar: salvo algunas abstenciones, votó a favor de suspender la jura de Patti y pasar el tema a la Comisión de Peticiones, Poderes y Reglamento. Justificaron esa decisión en una negociación previa que habían mantenido los presidentes de los bloques para pasar las impugnaciones a comisión y evitar así un pronunciamiento más duro en el recinto. Pero lo cierto es que el duhaldismo consiguió también que en la sesión no se decidiera el futuro de la vicepresidencia tercera la Cámara, que disputan -y tenían casi perdida- con el Interbloque Compromiso Federal, cargo que pretenden para Eduardo Camaño. Esa decisión se seguirá negociando en marzo.

La acusación a Patti argumentó que pesan sobre él imputaciones por delitos de lesa humanidad.
La presentación corrió por cuenta de Miguel Bonasso y Araceli Méndez de Ferreira -transversales de Convergencia- y los kirchneristas Remo Carlotto y Diana Conti. Sostuvieron en discursos en el recinto que Patti es «un torturador confeso, con lo cual no tiene la idoneidad moral ni habilidad moral para poder asumir una banca». Dos horas de debates no consiguieron cambiar el sentido que tuvo esa impugnación desde el primer momento y el pliego pasó a comisión.

El resultado de la votación, además, no dejó dudas sobre la alianza de fuerzas en el recinto, aunque no todas operaron con el mismo discurso. La suspensión de la jura se consiguió con 212 votos -50 más de los necesarios- y votaron a favor el Frente para la Victoria, el radicalismo, el ARI, el centroderecha y otras bancadas menores. En el caso del ARI, de todas formas,
Eduardo Macaluse dejó en claro que, si bien se apoyaba una impugnación moral sobre Patti, los argumentos legales que exponía el oficialismono eran claros: «Una impugnación de este tipo es un hecho gravísimo para las instituciones y por quien fue elegido por voto popular. Debemos esforzarnos por aunar criterios para poner límites claros a este principio y que este sistema no se convierta en una catarata de impugnaciones para elecciones futuras», dijo, mientras asentía a su lado Elisa Carrió.

El caso Borocotó tuvo menos uniformidad. El radical
Fernando Chironi dejó claro que «no vamos a convalidar de ninguna manera esta cachetada a la credibilidad popular, vamos a votar tal como ha sido propuesto... impedir que en el día de la fecha el señor Borocotó jure como diputado».

Agustín Rossi
, otro debutante en el recinto como jefe del bloque Frente para la Victoria, fue el encargado de defenderlo: «Más allá de las distintas valoraciones políticas que se hagan sobre el diputado electo Borocotó, lo cierto es que todos somos conscientes de que no hay ninguna impugnación constitucional para que hoy no pueda tomar juramento aquí». Era un argumento similar al que constitucionalistas como Gregorio Badeni o muchos diputados presentes sostenían sobre el caso Patti, pero en este caso se hablaba de un hombre que había transmutado en oficialista. Poco después, por 124 votos contra 102 y 6 abstenciones, el kirchnerismo consiguió hacerlo jurar a Borocotó.

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