Como contracara de la mixtura que alienta Néstor Kirchner, el neuquino Jorge Sobisch propuso ayer que la oposición diseñe un espacio político común. En los hechos, una concertación anti-K que reúna, además de Sobisch, a Roberto Lavagna, Mauricio Macri y Juan Carlos Blumberg.
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El gobernador, al igual que Elisa Carrió, único candidato declarado para 2007, usó ayer la marquesina de la Casa Rosada, donde pactó con Kirchner la emisión de un bono (ver Ambito Nacional) para lanzar la propuesta de una concertación opositora.
«Para enfrentar al gobierno nacional, todos los políticos que estamos con ideas y propuestas distintas debemos hacer una concertación», propuso Sobisch y embolsó a Macri, Lavagna e, incluso, a Blumberg, en el amplio arco disidente a la Casa Rosada.
El neuquino sugirió, además, la forma de ordenamiento de ese bloque rebelde: que dentro de «seis meses» -según el plazo que arriesgó- se defina una sola candidatura presidencial, en función del nivel de adhesión que cada postulante registre en las encuestas.
Otro ensayo
No es el único ensayo opositor. También la UCR, con Raúl Alfonsín y Roberto Iglesias como lazarillos, cincela un armado que arrime a radicales y peronistas antikirchneristas, para empujar la candidatura presidencial, no declarada, del ex ministro Lavagna.
Pero es interesante bucear en el esquema de Sobisch para sondear qué chances tiene el bloque que el gobierno llama centroderecha, categoría que por vías distintas rehúsan Lavagna, el neuquino y Blumberg.
Populares y progresistas, se bautizan a su modo.
Sobisch realizó ayer una convocatoria que, más allá de las buenas intenciones, hoy se percibe como muy dificultosa. Al menos dos de los actores centrales, Macri y Lavagna, descartan un acercamiento. Sobisch tiene un acuerdo con el porteño líder del PRO, pero ese trato se enfrió en el último tiempo cuando Macri prefirió como socio conveniente a Ricardo López Murphy, quizá el más activo detractor del neuquino.
A la hora de elegir, Sobisch preferiría incluso un pacto con Lavagna antes que con Macri, pero el ex ministro de Economíatodavía sigue en la nebulosa: dice que espera el momentopara ser candidato, pero sus movimientos, de cierto impacto en el corto plazo, se licúan con el pasar de las horas. Así y todo, el lavagnismo PJ teje también para la eventualidad de que el ex funcionario decida, al final, no competir.
El cuarto actor del elenco que menciona Sobisch es Blumberg, que salió fortalecido de la movilización del jueves frente a la Casa de Gobierno, pero que enfrenta el dilema de saltar de la representación social a la política porque, admite, en esa mudanza perderá adhesiones y el cierto blindaje -que el gobierno intentó resentir- que le otorga ser una víctima de una tragedia social. Blumberg dialoga con Macri, Lavagna y Sobisch, y asoma, llegado el momento, como un potencial vínculo entre los tres. Hay límites: Macri lo imagina como candidato a gobernador en la provincia mientras que Lavagna reserva esos lugares para dos de sus operadores peronistas: Jorge Sarghini o Francisco de Narváez.
Sobre esa dispersión alerta todo el tiempo Sobisch cuando plantea que la «atomización» de la oposición es «funcional» a Kirchner. «Los que piensan distinto del gobierno nacional se van a ver obligados a hacer una concertación, y yo estoy dispuesto a hacerla con el que sea, en tanto y en cuanto pensemos en una forma parecida», señaló ayer desde la Casa de Gobierno, luego de reunirse con el patagónico.
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