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19 de diciembre 2006 - 00:00

Solá alertó a Scioli: sin fondos extra no gobernará

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Daniel Scioli y Felipe Solá compartieron ayer un acto en La Plata, donde se entregaron subsidios a instituciones deportivas.
«Con esta coparticipación la provincia es ingobernable.» No fue una novedad la que pronunció Felipe Solá salvo para aquellos, como Daniel Scioli, que miraban Buenos Aires como un territorio ajeno y extraño, casi un lejano oeste criollo, poco recomendable y nada apetecible.

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Ahora, aquella extrañeza amaga -o amenaza- con volverse cotidiana para el Scioli bonaerense. De hecho, el vice tuvo una cosecha tumultuosa en su primera visita a la Gobernación desde que Néstor Kirchner, de modo oficioso, lo proclamó como heredero de Solá.

Pero contar anécdotas de clubes de barrio y repartir subsidios -ejercicio que compartieron ayer Scioli y Solá en La Plata- no es, claro, gobernar una provincia que empieza 2007 con un piso de déficit de 4.000 millones pero con riesgo cierto de superar los 5.000.

Se trata, casualidad, de la cifra adicional exacta que debería estar recibiendo Buenos Aires si su porcentaje en el reparto de los recursos nacionales no se hubiese degradado como ocurrió en los últimos 15 años, proceso que se profundizó en el lustro más reciente.

Por entonces, con Eduardo Duhalde como senador en ejercicio de la presidencia, no sólo el protoideólogo de una candidatura de Scioli en la provincia sino además el más mayor inquisidor del régimen de distribución de los fondos nacionales que perjudicaa Buenos Aires. Todo se agravó, claro, en el tramo Kirchner, porque los «montos fijos» de coparticipación están congelados a cinco años atrás, lo que deteriora año a año la participación de la provincia en el reparto global. El Presidente no dio indicios de querer modificar ese estatus.

  • Lamento

    Chiche Duhalde hizo su campaña de 2005 por la senaduría en contra de Cristina Fernández con un lamento repetitivo sobre la coparticipación que ahora Solá desempolva -en rigor, nunca lo encajonó- ante el vicepresidente que se mueve como candidato oficial K.

    Cristina, a su vez, antes de recuperar su DNI bonaerense para ser candidata había defendido desde su banca en el Congreso -en la lejana década del 90- el reparto existente. Luego, en plena campaña, no mencionó una sola vez el asunto de la coparticipación.

    Números rojos en un almuerzoa solas durante dos horas entre Solá y Scioli, ensayo para combinar la transición -el gobernador sentó al vicepresidente con todo su gabinete- y mostrarle un panorama de lo que implica gobernar las múltiples Buenos Aires que contiene Buenos Aires.

    Un conspirador podría, incluso, sospechar que el gobernador agitó un fantasma delante de quien, sin quererlo, tuvo que rememorar su lejana infancia en Ramos Mejía para leal a Néstor Kirchner aceptar una mudanza desde el superávit porteño al déficit bonaerense.

    Hay más: Solá nunca dejó de vindicar el libreto de Duhalde sobre la «injusticia» con la provincia que aporta 38% de los impuestos, recibe migrantes internos en el conurbano y, en números crudos, sólo se queda con 6,7% de los ingresos más extras por ANSeS y planes sociales.

    Dirigido a ese porcentaje -no a los recursos adicionales- fue el comentario de Solá, que tiene una sola traducción: sin un cambio en la coparticipación, cualquier gestión estará condicionada.

    Esa cifra en 1993 trepaba a 11% y, si se mantuviese aquel porcentaje, en 2006 la provincia hubiese recibido unos 5.000 millones más que los que recibió. Es decir: el déficit del 2007 no existiría. Por el contrario, los 650 millones «fijos» de Ganancias, se deprecian año a año.

  • Estampida

    En paralelo, para 2008, el rojo proyectado sigue en estampida -se habla de más de 7.000 millones- porque el próximo es un año electoral y Nación otorgará un incremento salarial -seguro no menor a 10%- que indefectiblemente se replicará, agravado, en las provincias.

    Escoltado por Alberto Pérez y su hermano José, Scioli se llevó de La Plata un panorama quizá más temible que el que dos semanas atrás le relató José María Díaz Bancalari. El diputado le advirtió que vigile «a Felipe»; Solá le ofreció pactar la transición.

    Por el besamanos desfilaron Florencio Randazzo, Eduardo Di Rocco, Mario Oporto, Emilio Pérsico, el secretario de Deportes, Claudio Morresi, y Cristina Alvarez Rodríguez, sobrina nieta de Eva Perón a la que el felipismo quiere incluir en la lista de anotadas para la vice de Scioli.

    Observador silencioso, el vicepresidente nada dijo ni dirá sobre el panorama que lo espera en Buenos Aires ni sobre el nivel de dependencia financiera que tendrá de la Nación, es decir, de Kirchner. En ese caso, la experiencia Solá es un espejo incómodo en el que Scioli puede mirarse.
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