27 de julio 2006 - 00:00

Solá muestra en público proyecto de reelección

Cristina Kirchner
Cristina Kirchner
En su cumpleaños 56, en la casona de La Plata que se rehúsa a abandonar, el sábado último Felipe Solá apagó humoradas y brindis, y luego de cinco días en una playa con poco sol, anticipó sus movimientos: apostar con firmeza a su re-reelección.

Menos de 72 horas después, dijo en público lo que jamás había dicho: frente a un puñado de obreros navales, en Ensenada, confesó que quiere seguir como gobernador cuando se esfume su mandato en 2007. Dijo más: que la ley no bloquea su apetito de continuidad.

«Yo creo que sí tengo derecho», se liberó ayer en público por primera vez. Fue su primer safari por un pantano que venía gambeteando: el capítulo jurídico referido a si la Constitución lo habilita o no -luego de ser vice y gobernador- para protagonizar el tercer episodio de la saga Solá.

«Primero tengo que saber si tengo derecho, después hay que ser candidato y después ganar las elecciones», se autoconstruyó, veloz, un destino de marquesina política para 2007. «A mí me gustaría seguir (como gobernador)», completó ayer su confesionario.

  • Enredo

  • La admisión de Solá, que antes hizo en privado, pero ayer transparentó, aporta otro nudo al enredo bonaerense y a las elecciones del próximo año en la provincia, la que apila la mayor cantidad de votos, el botín que Kirchner quiere conquistar.

  • Solá habló abiertamente de su re-reelección para forzar realineamientos. Lanzado sin matices, supone que logrará que sectores que lo valoran saldrán a respaldarlo mientras los que lo miran reojo se plantarán en su contra. Sin negativa expresa de Kirchner -a pesar de que hay señales que sugieren que el patagónico reniega de la jugada-, Solá apuesta a un dato preciso: sin computar a Cristina Fernández, es el candidato que « mejor mide», con un promedio de 30 puntos -más fuerte en el interior, donde llega a 40%-, según las encuestas que leen en la gobernación.

  • Ese dato, además de su condición de «instalado», supone una ventaja adicional: mientras otros postulantes deben, todavía, trepar la cuesta del anonimato, Solá está en la agenda y, dicen a su lado, con un baja imagen negativa. Ni Aníbal Fernández ni Alberto Balestrini, ni Jorge Taiana (quizá, más allá de que lo quieran usar para limitar a Solá, el gobernador mira con agrado pero como plan B a sí mismo), por nombrar a algunos de los postulantes y postulados, se aproximan a los indicadores que muestra Solá. Cabe una observación. Las giras en tren pueblo por pueblo son un lujo de nostálgicos y una campaña intensiva «instala» a una figura en poco tiempo.

  • En La Plata destacan otro elemento. Con Solá «con chances» de ser candidato, y en teoría, buena perspectiva electoral, se adormece por un tiempo la disputa por su sucesión en la provincia, lo que beneficiaría a Kirchner porque silencia el ruido político. En el kirchnerismo compran esta oferta, pero no resignan un punto: que el candidato en la provincia lo señalará el dedo de Kirchner, imposición que el felipismo resiste. «¿Alguien se imagina a un candidato a gobernador que sea criticado por el propio gobernador?», teorizan afilando las uñas.

  • La cuestión del almanaque citada más arriba palpita en dos dimensiones: a) los anti-Solá afirman que Kirchner puso la fecha del 30 de agosto para que se resuelva el intríngulis jurídico respecto de si el gobernador puede o no ser candidato; b) Solá, que jura no haber escuchado ninguna fecha en boca de Kirchner, planea hacer su presentación ante la Justicia recién hacia fin de año o, incluso, en febrero de 2007.

  • Hiperactivo, luego de un descanso, Solá visitó cinco distritosen dos días, hoy estará con Kirchner y se reunió con cinco intendentes: «Quique» Slezack, de Berisso, un aliado histórico, y el vecinalista Alberto Groppi, de Esteban Echeverría, entre otros. La excusa fue la gestión, pero en cada charla que el gobernador tuvo en el último tiempo con dirigentes hizo el mismo planteo: que quiere re-reelegir y pide apoyo. Ayer hasta compartió tablón con Manuel Quindimil, en Lanús, que llamó a la unidad de los peronistas, pero obvió nombrar a José «Pepe» Pampuro (allí presente), su enemigo desde que ambos eran duhaldistas. Solá anotó, además, el apoyo de Gerónimo «Momo» Venegas, jefe de las 62 Organizaciones: «Si hay una decisión nacional a su favor, el peronismo estará detrás votándolo», dijo. El gobernador hace números en el aire y se convence, aunque, todavía, no pudo congeniar con los barones del conurbano que, como Venegas, condicionan todo movimiento a lo que diga Kirchner.
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