10 de diciembre 2004 - 00:00

Solá prepara el palco contra duhaldistas

Como si peinara una lista, tildando invitados y tachando excluidos, Felipe Solá repasa la grilla del PJ bonaerense para cuantificar el poder de fuego que -pensando en el ojo de varios observadores- expondrá el martes próximo, cuando lance el felipismo.

Lo apabulla un error pasado: el 16 de noviembre de 2002, a poco de asumir como gobernador, organizó un acto en La Plata para presentar su línea interna. Pero terminó abrazado por el duhaldismo, con -entre otros- Manuel Quindimil y Hugo Curto sobre el escenario.

Fue una maniobra magistral de Eduardo Duhalde para diluir la intentona de Solá. Al ex presidente la argucia le dio resultado: después del show en UPCN, el incipiente felipismo comenzó a astillarse hasta que sólo quedaron retazos dispersos, disfuncionales.

Desde entonces, Solá carga con el estigma de que no puede, no sabe o no se anima a confeccionar, con éxito, un espacio propio dentro del PJ de Buenos Aires, donde Lomas de Zamora es el Vaticano; la palabra de Duhalde, una Biblia; y el ex presidente, al menos, un demiurgo.

• Herejía

Por todo esto, para los duhaldistas de sangre azul, lo de Solá es una herejía.

En los últimos días, recordando su aventura fallida de 2002, el gobernador anota similitudes y diferencias con el escenario actual. En la cima de los ítem ubica el presunto retiro de
Duhalde de la política activa y lo traduce como un mensaje de «dejar hacer».

Va más allá. Supone -con un margen de error nada despreciable que Duhalde palpó que la conducta de sus fieles empujó a muchos dirigentes a los brazos de Solá y que, ante la amenaza de un traspié en el futuro, la estrategia más adecuada es huir por arriba, como si se tratase de un laberinto.

De allí, entienden en La Plata, que
Duhalde haya decidido abandonar el barro del peronismo bonaerense para dedicarse a construir su bronce de estadista desde el Mercosur y con la gesta histórica de la Unión Sudamericana. Es una presunción cargada de optimismo y, se sabe, no siempre el optimismo es un buen consejero.

Entonces, para reducir las chances de tropezar,
Solá se dedica a revisar la lista de buena fe que -le dijeron- lo acompañará en Costa Salguero, donde será el único orador ante un auditorio que la organización pronostica cercano a las 2.000 personas, en su mayoría dirigentes.

A vuelo de pájaro, en La Plata computan como aliados a
Raúl Othacehé (Merlo) como coordinador de un bloque de intendentes de la Primera Sección que incluye a Marcelo Coronel (Rodríguez), Jorge Varela (Campana) Miguel Prince (Luján) Humberto Zúcarro (Pilar) y Antonio Delfino-(Suipacha), entre otros. A ese grupo se suman, por la Tercera -un territorio que Duhalde sigue manejando a control remoto, más allá de las rispideces entre caciques locales-, Alberto Balestrini (La Matanza), Enrique Slezach (Berisso) y Gustavo Sobrero (Lobos), entre otros. Además, el platense Julio Alak.

Nadie lo planteó, pero sólo juntando a esos jefes el felipismo cuenta para sí cerca de
200 delegados provinciales sobre los 906 que tiene el Congreso del PJ, presidido por Osvaldo Mércuri. La cúpula de ese cuerpo se elegirá el 21 de diciembre. ¿Irá Solá en busca de una tajada?

Sin que aporten demasiado -porque tienen pocos congresales-, también en el interior Solá dice tener sellados acuerdos con seis de siete intendentes de la Segunda, siete de doce de la Cuarta, cuatro de seis de la Sexta y tres de tres de la Séptima.

En la Quinta, alambrada por
Juan Garivoto y Alfredo Mechievi, habrá una cumbre de intendentes el sábado para decidir si concurrirán en masa -o no- al acto de Costa Salguero.

Si el punteo es acertado, Solá lo usará para mostrarle a Duhalde que gestó un núcleo propio y para presentar sus credenciales como jefe de batallón ante
Néstor Kirchner. Toda una apuesta.

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