Solá tiene ya medio veto; el resto, en manos de Duhalde
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Trabajosamente avanzó ayer la mediación bonaerense de José María Díaz Bancalari, que se reunió con el gobernador, Felipe Solá, y con los bloques peronistas de legisladores provinciales.
Comenzamos a charlar para delinear un entendimiento. Soy moderadamente optimista», dijo, cauteloso.
Todo tiene su explicación. En diciembre, la Cámara baja fue el epicentro de la furia. Allí se partió el bloque del PJ y luego estalló la polémica por el aumento del Presupuesto del cuerpo, condimentadocon las acusaciones de «cajas negras» y « extorsión» a intendentes.
Diputados es, además, un territorio históricamente hostil al gobernador. A su modo, Osvaldo Mércuri y Juan Garivoto zigzaguearon entre la sintonía y la distorsión con Solá mientras otro grupo --Isidoro Laso, Julio Pángaro y Julián Domínguez, por citar algunos- atropellaron al gobernador.
Pero con la parrafada de maldiciones que llovió cuando se discutió el presupuesto de la cámara y la postura irreductible del felipismo en no ceder al respecto, las chances de un acuerdo se desdibujan.
Bancalari, que enfrenta el desafío de mediar, buscó contagiar su voluntad de diálogo.Lo consiguió a medias. Ayer, Garivoto transparentó lo que este diario contó días atrás: la opción de rechazar el veto de Solá al Presupuesto retocado está casi descartada.
•No negociable
Eso no implica, claro, que Solá se apure a festejar. Que el veto avance y se caiga la ley votada por los duhaldistas no significa que le votarán, en poco tiempo y sin tensiones, un nuevo presupuesto calcado del que envió a mediados de diciembre pasado.
Ayer Díaz Bancalari escuchó cuáles son los ítem que Solá no está dispuesto a ceder. Son tres:
•Que no rechacen el veto que dictó el lunes pasado con el argumento de que el Presupuesto provincial votado le impedía gobernar la provincia. «Me convierte en un gobernador de segunda», acusó.
•Que le devuelvan los poderes especiales que establecían los artículos 16, 17, 18 y 19 del proyecto original para disponer la reorientación de partidas. Esas facultades son heredadas: las tuvo Solá hasta 2004, como antes Carlos Ruckauf y durante sus dos mandatos las usufructuó Duhalde.
•Que los legisladores supriman la comisión bicameral-que crearon para «codefinir», junto al Ejecutivo, el destino de las obras públicas. Para Solá era una especie de «poder paralelo» que limitaba su poder de gobernabilidad.
Estos puntos no son digeribles para el duhaldismo que, sin embargo, no encuentra el atajo para cercar a Solá. Con la discusión en la plaza pública, el gobernador aparece mejor parado.
En la Casa Rosada y en La Plata citan una metáfora para graficar el dilema del duhaldismo: «A las trompadas, a Tyson no le ganás nunca. Pero jugando al ajedrez, con los guantes de boxeo, no puede ni siquiera agarrar las piezas». Tyson sería el duhaldismo; el boxeo, la interna partidaria, y el ajedrez, el debate público.




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