26 de enero 2005 - 00:00

Solá tiene ya medio veto; el resto, en manos de Duhalde

Trabajosamente avanzó ayer la mediación bonaerense de José María Díaz Bancalari, que se reunió con el gobernador, Felipe Solá, y con los bloques peronistas de legisladores provinciales.
Trabajosamente avanzó ayer la mediación bonaerense de José María Díaz Bancalari, que se reunió con el gobernador, Felipe Solá, y con los bloques peronistas de legisladores provinciales.
Felipe Solá cosechó ayer un guiño del duhaldismo. Medio, en rigor: vía José María Díaz Bancalari logró que el PJ del Senado provincial exprese su voluntad de clausurar la pulseada por el Presupuesto aprobando un nuevo texto que respete la redacción oficial.

Pero no todo fueron noticias dulces para Solá. En paralelo a la predisposición de los senadores -más proclives a un acuerdo pacificador con el gobernador-, Diputados emitió una señal contraria: allí no se perfila todavía la opción de una tregua sólida.

En esa turbiedad remó ayer Bancalari. Como jefe del PJ y con un mandato preciso de Néstor Kirchner, el nicoleño se mudó por unas horas a La Plata para, in situ, comenzar con la costura de un pacto que desvanezca el pavor que desató la interna del PJ bonaerense.

Primero visitó a diputados y senadores; luego, almuerzo de por medio, se reunió con Solá en la Casa de Gobierno durante dos horas. Al salir hizo su balance: «

Comenzamos a charlar para delinear un entendimiento. Soy moderadamente optimista»,
dijo, cauteloso.

Antes le había relatado al gobernador, en una charla «amable» y «distendida», lo que Solá presumía: que en el Senado, donde Graciela Giannettasio y Juan Amondarain se dedicaron a curar heridas, hay ánimo conciliatorio, pero en Diputados la paz se presenta escurridiza.

En esa encrucijada, tal como se cerró anoche la saga peronista, sólo una indicación específica de Eduardo Duhalde podría desanudar esa parte de la crisis.

Todo tiene su explicación. En diciembre, la Cámara baja fue el epicentro de la furia. Allí se partió el bloque del PJ y luego estalló la polémica por el aumento del Presupuesto del cuerpo, condimentadocon las acusaciones de
«cajas negras» y « extorsión» a intendentes.

Diputados es, además, un territorio históricamente hostil al gobernador. A su modo,
Osvaldo Mércuri y Juan Garivoto zigzaguearon entre la sintonía y la distorsión con Solá mientras otro grupo --Isidoro Laso, Julio Pángaro y Julián Domínguez, por citar algunos- atropellaron al gobernador.

Pero con la parrafada de maldiciones que llovió cuando se discutió el presupuesto de la cámara y la postura irreductible del felipismo en no ceder al respecto, las chances de un acuerdo se desdibujan.

Bancalari, que enfrenta el desafío de mediar, buscó contagiar su voluntad de diálogo.Lo consiguió a medias. Ayer, Garivoto transparentó lo que este diario contó días atrás:
la opción de rechazar el veto de Solá al Presupuesto retocado está casi descartada.

•No negociable

Eso no implica, claro, que Solá se apure a festejar. Que el veto avance y se caiga la ley votada por los duhaldistas no significa que le votarán, en poco tiempo y sin tensiones, un nuevo presupuesto calcado del que envió a mediados de diciembre pasado.

Ayer Díaz Bancalari escuchó cuáles son los ítem que Solá no está dispuesto a ceder. Son tres:

•Que no rechacen el veto que dictó el lunes pasado con el argumento de que el Presupuesto provincial votado le impedía gobernar la provincia.
«Me convierte en un gobernador de segunda», acusó.

•Que le devuelvan los poderes especiales que establecían los artículos 16, 17, 18 y 19 del proyecto original para disponer la reorientación de partidas. Esas facultades son heredadas: las tuvo Solá hasta 2004, como antes
Carlos Ruckauf y durante sus dos mandatos las usufructuó Duhalde.

•Que los legisladores supriman la comisión bicameral-que crearon para «codefinir», junto al Ejecutivo, el destino de las obras públicas. Para Solá era una especie de
«poder paralelo» que limitaba su poder de gobernabilidad.

Estos puntos no son digeribles para el duhaldismo que, sin embargo, no encuentra el atajo para cercar a Solá. Con la discusión en la plaza pública, el gobernador aparece mejor parado.

En la Casa Rosada y en La Plata citan una metáfora para graficar el dilema del duhaldismo:
«A las trompadas, a Tyson no le ganás nunca. Pero jugando al ajedrez, con los guantes de boxeo, no puede ni siquiera agarrar las piezas». Tyson sería el duhaldismo; el boxeo, la interna partidaria, y el ajedrez, el debate público.

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