«Si la oposición no me pone fiscales me veo en la obligación moral de hacer fraude» bromea a menudo un caudillo de la UCR porteña. Tiene su lógica el planteo: ¿Cómo justificar que se perdió inclusive allí donde se controlaba todo? Sin embargo hay quienes deben hacerlo: es el caso del manzanista Carlos Soria, el secretario de la SIDE, que perdió las elecciones en Bariloche con su candidato a intendente Gonzalo Madrazo. Allí se impuso un candidato vecinal, Alberto Icare. A pesar de que Soria aprovechó todos los recursos del cargo -hasta organizó vuelos con aviones de la Fuerza Aérea- para conseguir el triunfo, de nuevo fracasó. Ya le había sucedido en «El Bolsón», donde se impuso un radical. No se puede con todo: bastante tiene el espía con «pinchar» teléfonos de ministros, secretarios y sindicalistas. Soria... -experto en reuniones con jueces que finalmente se descubren, acoso a banqueros de los que finalmente se arrepiente- arrastró también en la caída al senador Miguel Pichetto, otro derrotado en Bariloche. Es que no se puede hacer todo: Pichetto debe velar incesantemente por los intereses de «Clarín» en la Cámara (dicen que ahora pidió presidir la comisión de Cultura) y eso, es lógico, no le da tiempo para atender a elecciones de pago chico. Tantas son las pretensiones del monopolio en estos días.
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