Teme el gobierno caos con 40 mil piqueteros en la Plaza
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Por lo pronto, la premisa del gobierno es «no reprimir». Así lo reiteró una y otra vez el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, aunque no está claro el límite de esa orden.
Maratón
En rigor, durante el sábado, en apenas un puñado de horas, habrá tres actos continuados que sumarán en conjunto, de acuerdo con los cálculos de la Policía, cerca de 20 mil personas. Si la asistencia es la que anuncian los caudillos piqueteros, la cifra será mayor: más de 50 mil.
La maratón piquetera se iniciará un rato después del mediodía con una movilización de la MTD Aníbal Verón y Barrios de Pie, de Jorge Ceballos, combo de línea moderada que reniega del dialoguismo de Luis D'Elía pero difiere, a su vez, del extremismo del Bloque Piquetero.
A media tarde, será el turno de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) que capitanea el maoísta Juan Carlos Alderete, hasta hace diez días un dialoguista que estalló en amenazas cuando Néstor Kirchner sindicó a su grupo como dominado por un partido de izquierda.
Alderete, por entonces, le respondió con rigor. «Si reprimen, va a haber muertos de ambos lados», dijo para dejar claro que la luna de miel con el gobierno entró en proceso de deterioro. La CCC, según sus cálculos, esperan movilizar entre 15 y 20 mil personas.
El último turno será para los duros. El Polo Obrero, MIJD, Teresa Vive y la MTD Verón, con un batallón de grupos menores, se juntarán en el Congreso y luego ocuparán Plaza de Mayo sobre las 18 horas para montar un acto encabezado por Néstor Pitrola (PO) y Raúl Castells (MIJD), además de caciques menores, como Gustavo Giménez (TV) o Nicolás Lista (MTD).
Esa es la columna que genera preocupación -y hasta temor-en el gobierno: son los grupos más duros, disponen de un verdadero ejército (estiman que movilizarán cerca de más de 20 mil personas) y, además, están bien ejercitados en la confrontación con la Policía.
Por eso, desde el lunes se mantienen contactos entre funcionarios de Seguridad y los jefes de los distintos grupos para acordar una jornada sin incidentes. La duda es, en definitiva, si hay voluntad de que así sea.
El sueño de Kirchner sería que todos fueran como el piqueblando Luis D'Elía que ya como un político profesional alquiló el estadio de Ferro y allí, el viernes al atardecer, tendrá su propio acto de recuerdo de las trágicas jornadas de diciembre de 2001.




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