El gobierno manejaba anoche con preocupación, una versión sobre un creciente malestar en los cuadros medios y subalternos de Gendarmería Nacional. Todo como consecuencia de las fuertes restricciones presupuestarias que padece esa fuerza de seguridad desde hace varios años. Inclusive se habló de un posible acuartelamiento, rumor que anoche fue desmentido oficialmente.
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No obstante, ayer algunas fuentes confiaron a este diario que existe un fuerte cuestionamiento de los cuadros intermedios sobre sus condiciones salariales, afectados por la pérdida del poder adquisitivo producto de la devaluación y de la frenética suba de precios. Por caso, el sueldo de un agente de Gendarmería casado y con dos hijos que debe cumplir tareas de vigilancia en la frontera sin horario establecido, apenas llega a los 400 pesos.
Hay sectores, que todavía no han cobrado el mes de marzo.
Muchos han decidido mudarse a las villas de emergencia y otros apenas si tienen el dinero para costearse el boleto del colectivo que los traslade hasta el edificio Centinela, en plena Capital Federal.
• Complicación
La cuestión es bastante complicada ya que Gendarmería, además de integrar las misiones de Paz de Naciones Unidas (también le adeudan sueldos), debe actuar en la vigilancia de Autopista, intervenir en los cortes de ruta (en cuatro meses hubo 495) y en conflictos sociales que se repitieron en distintas provincias. Sólo para movilizar un equipo de elite de esta fuerza durante tres días el gobierno desembolsó el año pasado hasta 250 mil dólares.
Esto sin tener en cuenta que en los últimos meses se le adosó una nueva función: la custodia de algunos políticos y jueces cuyas figuras se han visto amenazadas por los escraches y cacerolazos.
A diferencia de otras fuerzas de seguridad, Gendarmería tampoco percibe ingresos extras generados por custodias a bancos, canchas de fútbol o multas de tránsito, como pueden hacerlo las policías provinciales.
El comandante de la fuerza Hugo Miranda, ya había planteado su inquietud sobre la reducción presupuestaria durante la gestión del renunciante Fernando de la Rúa y luego hizo lo mismo con el actual gobierno. Aún así, sólo obtuvo el compromiso de poner en estudio una mejora presupuestaria.
El problema presenta sus serios riesgos. Y, aunque ayer se insistió en negar enfáticamente que exista la intención de los hombres de la fuerza de romper la subordinación y la disciplina (acuartelamiento), no es menos cierto que el grado de descontento en Gendarmería va en aumento y que en las próximos días podría hacer eclosión.
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