2 de diciembre 2004 - 00:00

Terrorista chileno detenido vivió treinta años en la clandestinidad

La captura en la localidad bonaerense de La Reja del terrorista más buscado del Cono Sur, acusado de asesinar a un senador y de secuestrar al hijo de un empresario, reflotó la saga de Galvarino Apablaza, «Comandante Salvador», partícipe en hechos clave de la historia contemporánea. El detenido pidió ayer asilo político en la Argentina, corriendo contra reloj frente a la solicitud de la Justicia de su país de que la Argentina lo extradite para juzgarlo. Apablaza es uno de los cuadros más importantes del terrorismo latinoamericano y enraíza su biografía en la primera resistencia de la izquierda de su país en defensa de Salvador Allende, las cercanías de Fidel Castro, la actuación junto al sandinismo en Nicaragua y el regreso a Chile en los años '80 para atentar contra Augusto Pinochet. En las notas que siguen, un periodista que fue de este diario revela testimonios directos sobre este personaje.

El terrorista chileno Sergio Galvarino Apablaza pidió ayer asilo en la Argentina reconociéndose como activista político en su país. Lo conducen en la foto dos policías a Tribunales desde su lugar de detención en la Policía Federal. Ahora enfrenta la batalla de la extradición.
El terrorista chileno Sergio Galvarino Apablaza pidió ayer asilo en la Argentina reconociéndose como activista político en su país. Lo conducen en la foto dos policías a Tribunales desde su lugar de detención en la Policía Federal. Ahora enfrenta la batalla de la extradición.
Archivos desclasificados de la Inteligencia alemana oriental revelan que fueron 76 los oficiales chilenos que pelearon en Nicaragua. Antes y después del triunfo sandinista en 1979, del «Comandante Salvador» (nombre de guerra de Sergio Galvarino Apablaza Guerra), es poco lo que se conoce porque vivió gran parte de su vida en la clandestinidad. Sí se sabe que fue estudiante de química y que después del golpe fue detenido y torturado. En 1974 fue dejado en libertad (sí, en libertad) y viajó a Cuba. También se supo que apareció una vez en un plenario del Bureau del PC en Moscú con su uniforme militar y, en forma marcial, le pidió autorización al dirigente comunista chileno Luis Corvalán para hacer uso de la palabra.

Tampoco es de extrañar que haya sido visto en Pankow, barrio residencial de Berlín Oriental, donde militantes comunistas y socialistas chilenos tenían un grupo operativo conocido como el «círculo de Berlín».

En aquellos años, «Salvador» y sus hombres apostaron al desplome del gobierno de las fuerzas armadas chilenas. Con el tiempo, pensaron enfrentarlo militarmente, una vez que Corvalán anunciara en 1980 que «la rebelión popular contra la tiranía de Pinochet es legítima». A partir de ese momento, comenzaron a entrar clandestinamente en Chile y en 1983 se constituye el FPMR con «Salvador» a la cabeza.

En 1986 es descubierto en Carrizal Bajo, Chile, un arsenal clandestino de origen cubano; era sólo una parte de las 80 toneladas de armas que los cubanos habían mandado a Chile. El hallazgo clausura las conversaciones que en ese entonces mantenían los comunistas con los futuros miembros de la Concertación.

Para intentar una salida política en Chile, los miembros de la oposición consideraban que debía excluirse la «vía insurreccional». Había que convencer a Fidel Castro de que pusiera fin a su apoyo al FPMR. Uno de los que mediaron en esa dirección fue el entonces presidente Raúl Alfonsín, que visitó La Habana en octubre de 1986. No tuvo mayor éxito: poco después, en el Cajón del Maipo, el presidente Augusto Pinochet fue víctima de un atentado del cual salió ileso casi por casualidad. Fue lo que se conoció como la Operación Siglo XX, comandada por Joaquín Valenzuela Levi, « Comandante Ernesto», instruido en Cuba y en Bulgaria, y fogueado en Nicaragua. Con la llegada de la democracia a Chile en 1990, «Salvador», si bien siguió siendo el jefe del FPMR, vio mermada su autoridad por una nueva horneada de oficiales instruidos en Cuba comandados por «Chele» y el «Comandante Ramiro», Mauricio Hernández Norambuena.

Sólo así se entiende que la decisión de matar a uno de los más brillantes políticos de la derecha, Jaime Guzmán Errázuriz, haya sido tomada a sus espaldas (abril de 1991), lo mismoque el secuestro de Cristián Edwards del Río (setiembre de 1991).

• Hombre clave


Preocupado por el clima de violencia que amenazaba a la joven democracia, el presidente Patricio Aylwin, creó el Consejo de Seguridad Pública, conocida como «la oficina». El nuevo organismo se integró con ex militantes del MIR, ex socialistas «duros» y comunistas que tenían con el FPMR un pasado común.

El hombre clave era
Marcelo Schilling (en ex exiliado), y dos de sus hombres más importantes habían sido instructores del Departamento de Operaciones Especiales cubano (el tristemente célebre DOE). Ellos conocían muy bien a los «frentistas» y, en un corto tiempo, lograron desarticularlos.

Apablaza Guerra
, «Salvador», perdió terreno. El Frente comenzó a desaparecer por causa de la detención de sus miembros o por numerosas deserciones. Su nombre apareció ligado al secuestro del empresario brasileño Washington Olivetto en San Pablo en 2001 y en una abortada reunión que habría de mantener en Asunción con líderes de las FARC colombianas.

Tampoco faltaron en su momento contactos con la dirigencia peruana de
Sendero Luminoso. «Salvador» parecía estar en todas partes, pero no se dejaba ver. Lo cierto es que lo encontraron en la localidad bonaerense de La Reja.

No lo detuvieron servicios de inteligencia extranjeros ni fuerzas especiales de contrainsurgencia. El mérito fue de la Policía Federal, que trabajó junto con la Bonaerense. La información fue provista por la inteligencia chilena en lo que dio en llamarse
Operación Cordillera.

Sergio Galvarino Apablaza Guerra
pide ahora asilo político. ¿Cuál será la respuesta argentina? Si la conceden, ¿qué dirá el gobierno de Ricardo Lagos? Estos y otros forman parte de los interrogantes que cruzan la mente de «Salvador».

El viejo jefe guerrillero, en sus andanzas por el mundo, conoció a mucha gente, entre tantos, a algunos argentinos, hoy, muy influyentes.

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