Terrorista chileno detenido vivió treinta años en la clandestinidad
La captura en la localidad bonaerense de La Reja del terrorista más buscado del Cono Sur, acusado de asesinar a un senador y de secuestrar al hijo de un empresario, reflotó la saga de Galvarino Apablaza, «Comandante Salvador», partícipe en hechos clave de la historia contemporánea. El detenido pidió ayer asilo político en la Argentina, corriendo contra reloj frente a la solicitud de la Justicia de su país de que la Argentina lo extradite para juzgarlo. Apablaza es uno de los cuadros más importantes del terrorismo latinoamericano y enraíza su biografía en la primera resistencia de la izquierda de su país en defensa de Salvador Allende, las cercanías de Fidel Castro, la actuación junto al sandinismo en Nicaragua y el regreso a Chile en los años '80 para atentar contra Augusto Pinochet. En las notas que siguen, un periodista que fue de este diario revela testimonios directos sobre este personaje.
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El terrorista chileno Sergio Galvarino Apablaza pidió ayer asilo en la Argentina reconociéndose como activista político en su país. Lo conducen en la foto dos policías a Tribunales desde su lugar de detención en la Policía Federal. Ahora enfrenta la batalla de la extradición.
• Hombre clave
Preocupado por el clima de violencia que amenazaba a la joven democracia, el presidente Patricio Aylwin, creó el Consejo de Seguridad Pública, conocida como «la oficina». El nuevo organismo se integró con ex militantes del MIR, ex socialistas «duros» y comunistas que tenían con el FPMR un pasado común.
El hombre clave era Marcelo Schilling (en ex exiliado), y dos de sus hombres más importantes habían sido instructores del Departamento de Operaciones Especiales cubano (el tristemente célebre DOE). Ellos conocían muy bien a los «frentistas» y, en un corto tiempo, lograron desarticularlos.
Apablaza Guerra, «Salvador», perdió terreno. El Frente comenzó a desaparecer por causa de la detención de sus miembros o por numerosas deserciones. Su nombre apareció ligado al secuestro del empresario brasileño Washington Olivetto en San Pablo en 2001 y en una abortada reunión que habría de mantener en Asunción con líderes de las FARC colombianas.
Tampoco faltaron en su momento contactos con la dirigencia peruana de Sendero Luminoso. «Salvador» parecía estar en todas partes, pero no se dejaba ver. Lo cierto es que lo encontraron en la localidad bonaerense de La Reja.
No lo detuvieron servicios de inteligencia extranjeros ni fuerzas especiales de contrainsurgencia. El mérito fue de la Policía Federal, que trabajó junto con la Bonaerense. La información fue provista por la inteligencia chilena en lo que dio en llamarse Operación Cordillera.
Sergio Galvarino Apablaza Guerra pide ahora asilo político. ¿Cuál será la respuesta argentina? Si la conceden, ¿qué dirá el gobierno de Ricardo Lagos? Estos y otros forman parte de los interrogantes que cruzan la mente de «Salvador».
El viejo jefe guerrillero, en sus andanzas por el mundo, conoció a mucha gente, entre tantos, a algunos argentinos, hoy, muy influyentes.




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