Tres mujeres

Política

El ascenso de Daniel Peralta a la gobernación puede modificar la suerte de tres mujeres. Una, Alicia Kirchner, la hermana presidencial. Se sabe que el sindicalista, venido a ejecutivo, ya manifestó su vocación: si funciono en el cargo, me quiero postular para gobernador, insistió en hacer trascender. Propósito que le plantea un dilema al Presidente: sostener la candidatura de su hermana el 28 de octubre, como estaba previsto en su agenda o, tal vez, consentir que otro hombre incorporado a sus filas frustre la aspiración de la pariente. También la actuación de Peralta puede influir sobre otra candidatura, la eventual de Cristina de Kirchner (ella, por lo que se sabe, se brotó en recriminaciones por el pésimo manejo político de su esposo en la provincia, al margen de reclamar la renuncia de Sancho cuando se enteró de la represión policial de hace dos días). Su propia nominación futura puede depender de lo que Peralta logre pacificar en Santa Cruz, provincia que ya demostró que así como pudo poner a un presidente, también puede acorralarlo. Por último, quedó una tercera mujer sacudida por el reemplazo del gobernador: la segunda y obligada sucesora, Selva Forstmann, excluida de la martingala hereditaria por alguna limitación para ocupar el cargo o por disponer de un parentesco cuestionado en el orden nacional (es sobrina del almirante Emilio Eduardo Massera).

«Por ahora, la candidata sigue siendo Alicia...» Caído, sin red, Carlos Sancho, el kirchnerismo recuperó ayer la sonrisa montado sobre una expectativa en las virtudes de Daniel Peralta como negociador, pero, en paralelo, abrió una incógnita sobre el futuro de mediano plazo.

El experimento Sancho dejó una certeza: más allá de la inhabilidad política del ex vice, Santa Cruz -al menos mientras los Kirchner manejen el poder central- no podrá controlarse a la distancia y por intermedio de un delegado sin otro mérito que la fidelidad.

El derrumbe de Sancho demuestra el fracaso de un modo que aplicó Kirchner en Santa Cruz de gobernar en «nombre de». Quizá se limite al ahora renunciado, sin embargo, pone en alerta máxima al oficialismo sobre si idéntica debilidad no condicionará a Alicia Kirchner.

De la hermana del Presidentese elogia su pulsión a la gestión y su experiencia en políticas sociales pero, se admite, carece del don de la cintura política. Como ministra esa flojera pasa inadvertida; como gobernante puede ser fatal. La prueba es Sancho.

Con la aparición de Peralta en escena, como supuesto piloto de la tormenta que castiga a Santa Cruz, volvió a murmurarse una hipótesis que había tomado fuerza en los picos de la crisis en la provincia: que el proyecto Alicia 2007 está, como mínimo, en stand by.

- ¿Peralta podría convertirse en candidato a gobernador? se interrogó anoche a un kirchnerista vinculado al conflicto de Santa Cruz.

- Ahora va a gobernar y va a pacificar la provincia. Si todo sale bien podría ser el candidato.

«Hay que esperar cómo evoluciona la situación porque si Peralta logra manejar el conflicto puede convertirse en Gardel», leyó, a su vez, un funcionario. Y, casi como en una confesión, agregó que la hermana Alicia «nunca estuvo muy motivada para ser gobernadora».

Obediente, la ministra, sin embargo, acató en su momento el mandato de su hermano quien la imaginó al frente del gobierno como la única alternativa para amortiguar el tironeo entre los diversos grupos K que pululan, guerreando entre sí, en el gobierno de Santa Cruz.

  • Regreso

    Según lo que se anticipaba anoche en la Casa Rosada, la ministra viajará hoy a Río Gallegos para asistir a la asunción de Peralta. Será su regreso tras una temporada sin visitar una ciudad conmocionada por una crisis callejera en la que Alicia nunca intervino.

    Hijo de un matrimonio peronista, de militancia histórica en Santa Cruz, Peralta se formó en la escuela sindical, con el fallecido Saúl Ubaldini como espejo: integró la CGT Brasil y formó parte de los «jóvenes brillantes» que adiestró el cervecero.

    Hay más: su madre, Nélida Cremona de Peralta, fue diputada en el 73 -no de la Tendencia precisamente- y su padre, Hugo, transitó el PJ sindical. Los dos animaron el Ateneo Teniente General Juan Domingo Perón, primer armado político que cobijó a Kirchner.

    Luego de esa sintonía inicial, el matrimonio Peralta desafió a Kirchner, hábito que repitió el hijo que compitió contra el espacio del Presidente. Pero Kirchner lo hizo funcionario, luego diputado y más tarde lo convocó por la tragedia de Río Turbio donde murieron 14 personas.

    Como muchos en Santa Cruz es «un hombre de Kirchner» lo que, en idioma pingüino, se traduce como que no tiene más padrinazgo que el del propio Presidente. Unos lo ubicaban en el esquema que ordena Julio De Vido, a quien se menciona como potencial candidato a gobernador.

    Otros prefieren detenerse en la amistad que lo une con Cristóbal López, empresario sureño que desde que asumió Kirchner experimentó una explosiva expansión a nivel nacional en el mercado de los juegos de azar.

    Construyó, en paralelo, una relación con Armando « Bombón» Mercado, con quien en los 80 maneja a dúo el sindicalismo santacruceño: Peralta como secretario general de la CGT; Mercado como jefe de las 62 Organizaciones Peronistas.

    Ante el cerco opositor, rota la convivencia interna K -hay un duelo inocultable entre los jóvenes que ordena Juan Bontempo y la «vieja guardia» de Daniel Varizat-, la irrupción de Peralta aparece revestido de una pátina de expectativa, incluso excesiva.

    Amaga cambiar todo el gabinete, hace días negocia en secreto con los gremios -a cuyos dirigentes conoce desde hace años-, dialogó con el obispo Juan Carlos Romanín y planea convocar a paritarias. Un plan para salir de la crisis que parece una plataforma electoral.
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