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7 de enero 2005 - 00:00

Trotskistas piden la renuncia de Ibarra

Desflecado por el materialismo histórico, el Partido Obrero ya ni siquiera tiene diputados en la Legislatura porteña. Eso explica que sus dirigentes -entre ellos, el ocurrente Jorge Altamira y el industrioso piquetero Néstor Pitrolahayan vuelto a la acción directa a través de su periódico partidario. En el último número se ceban con las responsabilidades de Aníbal Ibarra en la tragedia del boliche de Once para pedir lisa y llanamente su renuncia. Aquí, los párrafos más importantes del artículo que le dedicaron al también desflecado jefe de Gobierno.

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Ibarra es el responsable. No puede alegar desconocimiento. Esta mafia capitalista -que entrelaza a funcionarios y «empresarios»gobierna la Ciudad y es responsable de la masacre. El jefe de la mafia, Aníbal Ibarra, debe renunciar.

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Ni Ibarra ni su gabinete pueden aducir que desconocían esta situación. El funcionamiento de las discos es público; hacen publicidad por todos los medios; muchas funcionan desde hace años y a ellas concurren miles de personas cada fin de semana. Más aún, muchas de las discos en infracción se encuentran en zonas concesionadas por el Gobierno de la Ciudad (como Punta Carrasco, Costa Salguero, Club de Golf). Peor todavía, en algunos casos, sus titulares son personajes ligados al propio corazón del gobierno.

En una lista de discos no habilitadas denunciada por la Defensoría del Pueblo ( Resolución 2.022, del 8 de mayo de 2003), figura Follia, que funciona nada menos que dentro del propio Club Ciudad de Buenos Aires, en una zona donde se encuentra prohibida la instalación de locales bailables. Su concesionario es Pablo Batalla, ex director administrativo del Teatro Colón bajo la gestión de Telerman, el actual vicejefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El funcionamiento ilegal, pero público y conocido, de las discotecas sólo es posible gracias a la directa complicidad de la más alta autoridad política del Estado. Su extensión a todo el ámbito urbano y su continuidad en el tiempo indican que no se trata de la responsabilidad de un funcionario subalterno o de una mafia particular de inspectores.

El poder político que actúa para proteger esta actividad ilegal es, por lo tanto, un gobierno ilegal.

A la cabeza de ese «gobierno paralelo» se encuentra el propio Ibarra, que ha convertido al «turismo» en el eje de su gobierno. Los « boliches» y discotecas son parte de la «oferta turística». Muchas de las discotecas no habilitadas (o habilitadas en forma trucha) funcionan dentro de hoteles. En los distintos «tours» que se venden para visitar Buenos Aires, se incluyen entradas a distintas discotecas.



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