El rionegrino Pablo Verani se subió al ring para reclamar la jefatura de la UCR nacional, sillón que parecía tener grabado el nombre de Roberto Iglesias. De este modo, se volvieron a empastar las negociaciones para definir una conducción unificada del Comité Nacional.
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El detonante fue la accidentada proclamación de Fernando Chironi como jefe del bloque de diputados de la UCR, sitio al que aspiraba Angel Rozas con el respaldo de Iglesias, sociedad que se retroalimentaba con el acompañamiento del chaqueño a que el mendocino lo suceda en el partido.
Verani -cuyas conexiones tienen como última terminal a Raúl Alfonsín- se zambulló a la pelea luego de que Iglesias rehusara participar de la reunión del bloque de diputados que nominó a Chironi, también de Río Negro, como presidente de la bancada en la Cámara baja.
Asimismo, con la designación del mendocino Ernesto Sanz como jefe de los senadores radicales, la UCR de Río Negro decidió pujar por la jefatura partidaria ya que de asumir Iglesias, Mendoza quedaría con dos cargos de peso. «¿Y por qué no nosotros?», se preguntó Verani.
• Poco claro
Sin embargo, no está claro todavía qué avales tiene el rionegrino para trepar al primer sitial institucional de la UCR..
Pero más que manos que se levanten en su nombre, Verani parece especular con una afirmación que tiempo atrás hizo Iglesias cuando condicionó su asunción como jefe partidario a «tener el apoyo de todos». Es decir: si hay un bloque opositor, el mendocino se bajaría.
¿Y cómo jugarán los bonaerenses, que de tener dos candidatos (Alfonsín y Margarita Stolbizer), quedaron como simples observadores? Por ahora, seguirían avalando a Iglesias (sobre todo Stolbizer) pero la actitud del mendocino en el bloque dejó a los demás «en observación».
En rigor, la UCR de Buenos Aires tiene otras urgencias: recién ayer pudo, tras un largo forcejeo, ordenar su propio Comité, que presidirá Carlos Gorosito, y que contará con ocho miembros del oficialismo, dos « margaritos» y dos que pertenecen al Grupo Olavarría.
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