Eduardo Duhalde podrá despedir este año con un récord que le hubieran envidiado Carlos Menem y Fernando de la Rúa: las proyecciones de recursos y déficit de la Ley de Presupuesto 2002 -votada en febrero de este año-estuvieron más cerca del ejecutado real que los presupuestos de los últimos seis años. No es malo el ré-cord para una ley de presupuesto que se pensaba escrita en el aire sancionada en medio del pico de la crisis devaluatoria. Pero todo tiene una explicación: a los recursos originales se sumaron más retenciones a las exportaciones -totalizaron más de $ 5.000 millones y se prevén $ 13.700 millones para 2003- y el efecto arrastre de la suba a 6 por mil en la tasa del Impuesto al cheque.
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Así a la suba en las retenciones se sumó el salto de la recaudación del IVA, gracias a la suba de precios, y pese a la feroz recesión, no cayó el cobro del Impuesto a las Ganancias porque no se aplicó un ín-dice de ajuste por inflación y por lo tanto la valuación de los activos en dólares se triplicó en muchas grandes empresas.
Ese triple efecto se combinó para que el Presupuesto 2002 tuviera un nivel de recursos cercano a lo proyectado inicialmente, un milagro en la desordenada economía argentina.
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