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5 de febrero 2004 - 00:00

Una reforma incomprensible

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En las épocas de gobiernos militares, los sindicalistas de entonces -igualmente burócratas y rapiñeros- asustaban a los uniformados con que «o nosotros o vienen los sindicatos zurdos». Así les sacaban ventajas y se enriquecieron.

A este gobierno de Kirchner no lo van a asustar precisamente con «los zurdos», obvio.

¿Qué puede ganar el santacruceño resucitando y enriqueciendo a unos «gordos» que estaban moribundos y hasta habían perdido la calle en manos de los piqueteros que los desprecian? Más aún, estaban con la cola entre las piernas y en cuarentena porque se opusieron a la candidatura de Kirchner, tras haber estado primero con Carlos Menem y luego propuesto al inefable Roberto Lavagna dentro de su hedonismo tradicional donde no hay principios en juego, sino meramente ingresos en sus bolsillos.

Si la finalidad de Kirchner es parte de una táctica de desplazar de las calles a los piquetes duros y agresivos para suplantarlos por los clásicos activistas pagos de los gremios, dejando robar a sus jefes para que colaboren, puede tener justificación un proyecto así tan nefasto. Piqueteros son hoy, con la seguridad, el principal problema político interno del país.

Quizá se busque bajar trabajadores en negro rebajando el aporte patronal a empresas con menos de 80 empleados. Sería también un fin útil, pero un decreto bastaba sin necesidad de introducir esa bondad en una ley retrógrada por todo lo que agrega.

Otros fines útiles al país no se le ven porque esta reforma llegaba con mínimos reclamos de sanción y surgidos casi casualmente a partir de la denuncia de coimas del «valijero» arrepentido Pontaquarto, sobornado con 18.000 dólares para «confesar» pagados por la nueva revista «TXT», para quien esa suma era una fortuna. El que haya avanzado la reforma -sin pronunciamiento judicial, sólo con indicios bastante débiles- invocando esas presuntas coimas refuerza la tesis de quienes sostienen que el «valijero» es una maniobra del gobierno.

¿Podría servir esta reforma para el proyecto hegemónico enmarcado en la transversalidad del santacruceño, suman

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