7 de noviembre 2003 - 00:00

Una revolución que va por la ruta del dinero

Como se acerca fin de año, los piqueteros se ejercitan con pirotecnia. Y de la más peligrosa para acumular odios, la oral, sorprendiendo con exageraciones a la población, luego acostumbrándola a esa cultura forajida. Si había asombrado Raúl Castells hace 48 horas con «la toma de la Casa de Gobierno», estupefacción mayor recogió ayer Luis D'Elía, quien aseguró que «defenderá a Kirchner con las armas si intentan tomar la Casa de Gobierno». Lenguaje amenazante de jefe piquetero, pendenciero. No es la primera vez que lo utilizan. Castells alguna vez trató de intimidar a los habitantes de countries y D'Elía, reciente testigo en México de los mensajes delirantes y apostólicos del subcomandante Marcos, ya en otra ocasión invocó el uso de las armas como si él fuera un combatiente y no estornudara al oler pólvora. Por si fuera poco, cuando aclaran es peor: Castells dijo que no pensaba ocupar la Casa Rosada con este gobierno (sí, quizá, con otro) mientras le abastezcan la manutención, claro.

Lamentable violencia verbal de ambos, poco democrática, amparada en la defensa de desprotegidos y que, sin embargo, esconde la búsqueda de mayores subsidios para conseguir, a su vez, más caminantes de manifestaciones y presionar de nuevo al gobierno con otros subsidios. La espiral perversa, casi una bicicleta financiera. No sabe el gobierno salir de esta encrucijada, a pesar de que en su seno alberga a uno de los inventores del sistema: el ministro del Interior Aníbal Fernández -aunque la verdadera autoría le pertenece a su cuñado, hombre que aprendió en el exterior-quien agigantó con avidez y tentación monetaria a estos grupos en tiempos de Duhalde. Quienes conocen a D'Elía y a Castells sostienen que son los más sensibles a las respuestas oficiales (o sea, se calman con la entrega de planes), más que otros grupos piqueteros más ideologizados, como la organización de Pitrola (Polo Obrero) y el ala dura de «la Verón» (ligada a Quebracho). Pero todos persiguen la misma ruta del dinero para alcanzar la estación del «poder político propio» para «la revolución», ya que por el convencimiento, la letra escrita, la convicción o una causa son un fracaso a la hora de llenar un estadio ( mucho menos conseguir votos).

• Voluntad

Casi una caricatura, entonces, del genuino poder político, la realidad empresaria de que si cada beneficiario devuelve 30 pesos a las organizaciones por plan recibido, la sola multiplicación de esta cifra por los planes Trabajar demuestra el sentido crematístico de la protesta y, también, el de la pelea entre los caudillos de piquetes. La pasión por la plata es comprensible. También -uno quiere creer-la voluntad de otros para mejorar, a costa del Estado, la situación de los excluidos (aunque se condene a éstos a un mundo irrecuperable, ya que el sector privado se cuidará cada vez más de incorporar a uno salido de los planes Trabajar). Pero esas ambiciones, benéficas o no, avanzan hacia un punto de crisis violenta entre los piqueteros, donde unos se disfrazan de oficialistas y otros de opositores mientras el gobierno no podrá permanecer exento a esa confrontación. Hoy, para evitarla, fintea y retrocede: dijo que iba a crear un organismo para reprimir y luego se desdijo; a su vez, el ministro Carlos Tomada se presentó a la Justicia porque unos piqueteros lo habían secuestrado en el Ministerio de Trabajo y, ahora, en lugar de ratificar la denuncia, en cualquier momento se presenta públicamente y pide perdón por haber sido privado de la libertad. Cuesta creer que termine bien tamaño desborde de la razón.

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