Entre los humos del supuesto «complot», comenzó a percibirse ayer una reorientación de las culpas por los incidentes de San Vicente: de la CGT, la responsabilidad se pretende enfocar hacia la inacción de la Policía Bonaerense frente a los disturbios.
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El vocero de ese planteo fue el taxista Omar Viviani, encargado de la (in)seguridad del acto en San Vicente y escolta de Hugo Moyano en la visita que el jefe de la CGT realizó el martespor la noche, de manera sorpresiva, a la Casa Rosada donde lo recibió Aníbal Fernández.
Por radio, Viviani -quien afirmó que el pistolero «Quiroz está preso por idiota»- dijo ayer que existió «negligencia» del gobierno bonaerense porque se debería haber ordenado la intervención policial ante los desmanes. Olvida Viviani que él mismo les pidió a Felipe Solá y a León Arslanian que dejasen la custodia «en manos de los gremios».
Ayer, en La Plata, ardían: no podían evitar vincular los dichos de Viviani con la charla que el taxista mantuvo horas antes con Fernández, enfrentado con Solá en la disputa por la gobernación bonaerense.
No había, en cambio, respuesta a otra crítica: la referida a que la seguridad es indelegable y es inadecuado cederla a un tercero.
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