26 de febrero 2002 - 00:00

Vuelve Chacho y une a Lilita con Ibarra

Las cacerolas han hecho cambiar las costumbres de muchos políticos, incluso la rutina de Carlos Chacho Alvarez. El renunciante vicepresidente de la Nación, al parecer por cuestiones de cuidado personal, no dará clases nocturnas este año en la Universidad de Quilmes. En cambio, su horario será por la mañana, los miércoles, una cátedra menos concurrida, con los alumnos más jóvenes de la casa de estudios, los que por no trabajar pueden acudir a esas horas. No es lo mismo, aunque parezca una sutileza, porque a las clases matinales sólo concurre 20% de matrícula universitaria en ese municipio bonaerense.

No es el único cambio de hábito con el que empezó 2002 para Chacho. También el frepasista autoexcluido aceptó una reconciliación con Aníbal Ibarra. Por cierto, es más un acercamiento a la distancia para el que viene trabajando Vilma Ibarra, la senadora y hermana del jefe porteño quien, a la vez, trabajó muchos años junto a Chacho en sus oficinas del Congreso.

Ese amor abandonado (entre Aníbal y Chacho) tiene ahora muestras de recomposición y un matrimonio como objetivo: la aceptación de Ibarra hermano junto al ARI que pilotea Elisa Carrió. La consumación a la que aspira el ibarrismo es una fórmula de apoyo mutuo «Lilita presidente» e «Ibarra jefe de Gobierno», es decir, la reelección del frepasista.

Como prueba de esos sentimientos, por ejemplo, Vilma acompañó a Ibarra jefe a las reuniones de la concertación convocada por Eduardo Duhalde. Además, a esa comitiva se sumó el diputado nacional Fernando Melillo, del grupo de chachistas nostálgicos que se separó del bloque oficial del Frepaso que pilotea Darío Alessandro y se quedó en comunión con el ARI bajo el mando del tucumano José Vitar.

Sobre estos asuntos conversó en su despacho municipal el mandatario de la Capital Federal con sus ex socios políticos del socialismo democrático, el ala que se desprendió del Frepaso para dar estructura al ARI. Con un contrapunto histórico entre Alfredo Bravo e Ibarra al que agregó irritabilidad el despido de Norberto Laporta del gobierno porteño, el jefe de la Ciudad invitó a su oficina a una mesa chica del PSD.

• Nuevo frente

Allí, el viernes pasado, les confió: «Bueno, Lilita no creo que tenga proyecto para la ciudad y como yo no tengo proyecto nacional...», dejó caer en la mesa para esbozar esa movida que los encuentre en un frente de centro izquierda con el que sueña Ibarra a pesar de los problemas de cartel que pueda tener con Lilita.

Como acotación a esa sugerencia,
Ibarra sumó: «Hay que tener en cuenta que yo estoy en un cargo ejecutivo que es muy distinto de un legislativo», lo que se entendió como excusa para justificar el mosaico de radicales que lo acompañan en el hacer, muchos de los cuales son rechazados por los socialistas.

En medio de esas tertulias, el pulgar de
Chacho Alvarez parece pedir señales a Ibarra. Después de todo, ahora confluirían nuevamente. En esos gestos que el jefe porteño intenta dar se lista que ya albergó como funcionario de su gestión al ex vocero de Chacho, Ernesto Muro. Aunque merecería una labor más destacada, Muro colabora en un área dedicada a las emergencias y catástrofes.

• Reestructuración

Ahora Ibarra ensaya una reestructuración de su gabinete. Otra más, que demuestra que a un año y medio de labor aún no encontró la fórmula para gobernar la Capital Federal. Quiere fusionar áreas y reducir cargos al son de una reforma política que seduciría a Alvarez. En esos organigramas quedarían reservados puestos para chachistas sobrevivientes que emigraron del gobierno nacional. La Secretaría de Justicia y Seguridad es uno de los blancos a los que apunta. Es un área que no traería conflictos si la desintegrara, achicara o fusionara, ya que no espera ya contar con Policía y Justicia propias. Cree que la Justicia contravencional y de faltas y otros fueros menores que competen a la Capital estarían suficientemente coordinados con menos despachos y funcionarios, aunque duda en remover a su actual titular, Facundo Suárez Lastra.

Mientras desde su casa y del bar Oporto
Chacho contempla la escena -ya abandonó el Club de Amigos, al que persiste en asistir solitario Moisés Ikonicoff, ya que tampoco va Fernando Galmarini-. Busca una manera de reaparecer en escena sin exponerse a las cacerolas. Melillo le oficia de mediador con Ibarra y lleva y trae mensajes en espera de que concreten una primera cita de recomposición.

Dejá tu comentario

Te puede interesar