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Acuerdo mundial para frenar el calentamiento de la Tierra

Estancamiento roto
Ambientalistas manifestaron algún desaliento por lo que consideraron escapatorias legales en el acuerdo, y el movimiento ecologista Greenpeace llamó al acuerdo, alcanzado en el marco de una reunión de las Naciones Unidas, «Kioto-Liviano». Pero también dijeron que cualquier acuerdo que constituya un comienzo para frenar el peligroso calentamiento del clima terrestre y la amenaza de crecientes niveles marítimos debido al deshielo de las capas polares era mejor que nada.
En medio de cansadas sonrisas y múltiples ovaciones de pie para el presidente de la conferencia y ministro del Ambiente de Holanda, Jan Pronk, hubo irritación de que Bush hubiese rechazado, con anticipación, cualquier acuerdo, diciendo que los recortes obligatorios de emisiones bajo el Protocolo perjudicarían la economía estadounidense. «Un país que se excluya del juego es uno en demasía», dijo el negociador jefe de la UE, el ministro de Energía de Bélgica, Olivier Deleuze.
En la cumbre anual de los países más industrializados celebrada durante el fin de semana en Génova, Italia, Bush respaldó en términos generales el compromiso para reducir las emisiones de gases de invernadero, pero insistió en que el Protocolo de Kioto es «fatalmente defectuoso».
Eso había dejado a la UE dependiente de lograr el asentimiento de Japón, para concretar sus esperanzas de acumular el respaldo de una masa crítica de las restantes naciones industrializadas.
Las reservas de Tokio en torno a cuestiones técnicas y su deseo de no dejar en el aislamiento a su aliado, los Estados Unidos, mantuvieron en duda hasta verdaderamente el último momento el resultado de las negociaciones.
Al final, ni uno solo de los aproximadamente 180 países participantes manifestaron objeciones al documento final, ni siquiera los Estados Unidos, aun cuando Washington reiteró que no ratificará el tratado.

