26 de febrero 2001 - 00:00

Alarma en Alemania por neonazis en FF.AA.

Berlín - El ejército ejerce un poderoso atractivo sobre los jóvenes de ideología filonazi en Alemania. Cerca de 16% de los aspirantes a ingresar en la Bundeswehr se declara votante o simpatizante de partidos como Unión del Pueblo Alemán (DVU), los Republicanos y el Partido Nacional Democrático (NPD), las formaciones ultraderechistas actualmente legales, según una encuesta del Instituto Sinus de la que se hace eco el último número del semanario «Der Spiegel».

En 1999, el número de ultraderechistas que quería acceder a las fuerzas armadas alemanas era de 11%, de acuerdo con el sondeo de la misma empresa.

Como término medio, 5% de los jóvenes alemanes se siente atraído por partidos de ideología filonazi. Sin embargo, en el Este, donde el desempleo es mucho más acentuado que en el oeste del país, 11% de los jóvenes se declara ultraderechista.

Pero estos datos hicieron que en el Ministerio de Defensa alemán salten las alarmas, de modo que se están preparando mecanismos de filtración con el fin de impedir que las fuerzas armadas se inunden de ultraderechistas.

Prueba de que hay que combinar estas medidas dirigidas a controlar el acceso a las fuerzas armadas con otras iniciativas dentro del propio ejército es el notable aumento de ofensas neonazis registrado en el año 2000, según el diputado Wilfried Penner, miembro de la comisión de Defensa del Parlamento alemán. En el año 2000, hubo 196 incidentes de naturaleza filonazi, el doble de los registrados el año anterior.

En la mayor parte de los casos se trataba de pintadas, gritos de eslóganes ultraderechistas o música prohibida por ensalzar la ideología nazi.

La semana pasada, un grupo de jóvenes neonazis se atrevió a abuchear al canciller federal, Gerhard Schröder, en el curso de una visita a unas casas abandonadas en Schwedt, en la región oriental de Brandemburgo.

El gobierno rojiverde está preocupado por el atractivo que representan partidos de ideología ultraderechista en sectores deprimidos de la población, especialmente los jóvenes en el Este, de ahí que el ministro del Interior, Otto Schily, pretenda impulsar un polémico plan para favorecer la reinserción en la sociedad de aquellos que se «arrepientan» y se aparten de estos grupos ultraderechistas.

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