2 de marzo 2001 - 00:00

Álvarez pidió clemencia a Carrió

Coinciden ambos en un solo punto: han jurado no ser candidatos en la Capital Federal (tampoco en ningún otro distrito). Y, si bien son políticos, como pertenecen por denominación propia al grupo de los «éticos», se supone que no vulnerarán su promesa. Pero, hasta que se reunieron, sólo ese dato político parecía acercarlos. En el resto, se distanciaban largamente desde que Elisa Carrió fustigó en forma reiterada -y con esa labia hiriente que muchos han sufrido-a Carlos Chacho Alvarez por su dimisión como vicepresidente, actitud que a ella le pareció irresponsable (entre otros dulces calificativos) desde un primer momento (ella considera, como una entrevista de Nahuel Moreno, que en política hay que pelear desde adentro de la Alianza).

Esa persistencia femenina en acorralar a Alvarez lo cohibió al dirigente del Frepaso y, como no soportó la presión, le pidió una cita a la Carrió. Ella, magnánima con su alicaído y claudicante rival, aceptó para luego decir en un reportaje que era un buen hombre que se había equivocado. Sensible a las palabras masculinas, a la tregua solicitada. Después, según comentan en la Alianza, hubo nuevas entrevistas para consolidar ese idilio político, todavía en secreto.

Formidable este avance feminista: en menos de 60 días, la Carrió le arrebató las banderas de la transparencia a Alvarez -y no porque éste haya dejado de ser transparente-, impuso en su gestión mediática la hegemonía de la investigación del lavado sobre la denuncia de los sobornos en el Senado. Resultado: en la Capital Federal, ella lo superó con holgura en las encuestas, lo bajó del primer lugar que Chacho disponía hace tiempo. Un meteoro dentro del electorado porteño que en el vértigo poseyó 40% de una franja con tinte de izquierda y buena porción de independientes. Se quedó con el emblema de la lucha contra la corrupción.

Reflexión

Pero Chacho ahora la hizo reflexionar: como ninguno pretende postularse este año en los comicios de octubre, ¿para qué pelearse? Ella, como la victoria da derechos, aceptó el convite y cesó en el fogoneo contra el jefe frepasista. Casi curiosamente, una radical se montaba y desplazaba a los líderes capitalinos del Frepaso (Chacho y Graciela Fernández Meijide) en un operativo que jamás soñó la UCR y, a esta altura, no se sabe si el partido lo deseaba. La mujer se ha puesto a la vanguardia del «progresismo» y, por si acaso, también acomete a presuntos rivales: trató de sacudirlo a Federico Storani quien, al revés de sus colegas frepasistas, le respondió con críticas. No quiere abandonar ese frente por un capricho femenino.

La paz entre Alvarez y la Carrió no durará demasiado: ambos piensan en 2003, se imaginan alternativas presidenciales. Chacho desde que dejó la Casa de Gobierno, ella a partir del notable impulso que logró con su última campaña contra Moneta y el Citi. Aparte, la idea de una mujer en la Rosada suena tentadora para cualquier dama que hace política. Aunque ambos han resuelto la inevitable colisión por el momento, igual se complican con un enigma: se encuentran en el tope de las encuestas porteñas, juraron no utilizar capital en la próxima elección y, fundamentalmente, carecen de herederos para trasladar esa fortuna electoral. Lamentan como nadie haber conquistado un mercado y no saber usufructuarlo: les suele pasar a quienes no creen en el capitalismo.

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