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Angustia por las víctimas argentinas
• Precauciones
«Pusimos dos líneas de atención las 24 horas: el 202-238-6461 y el 202-321-4873. Atendemos a todo el mundo», dice González. «Hace un rato llamó una señora mayor desde Buenos Aires para preguntar por su sobrina que vive en Nueva York. Luego de un rato largo de hablar, nuestra gente le preguntó donde vivía, dónde trabajaba, y dijo: <En el Bronx>, que está en el otro extremo de la ciudad. Pero entendemos su angustia.»
González tenía programado asistir al seminario que dirigentes de la UIA iban a dar en el edificio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para funcionarios de diversas agencias estadounidenses. El edificio de la entidad financiera, sin embargo, fue uno de los primeros en ser evacuados ayer por la mañana, y todas las actividades se cancelaron. En tanto, las calles de Washington continuaban semidesiertas, con buena parte del área céntrica sellada por las fuerzas policiales. La única bandera que flameaba a media asta ayer a las 19 era la de la Casa Blanca; el resto de los edificios públicos tardó más en asumir el luto sencillamente porque en la mayoría de ellos no había quién hiciera la tarea. Pero las precauciones llegaron al extremo de que los camiones con combustible eran escoltados por dos patrulleros (uno adelante, el otro atrás). No era lo único que controlaba el gobierno: quienes se pasaron horas pegados a los televisores percibieron con claridad que desde un punto (alrededor de las 15), las cadenas comenzaron a dar cada vez menos información, sobre todo evitando hablar del número de víctimas, la ubicación geográfica de los principales funcionarios y qué fue lo que causo la «caída» del «cuarto avión». Se decía que los organismos de seguridad habían impuesto un embargo informativo similar al que se aplicó durante la Guerra del Golfo. «Son un país ordenado, disciplinado, acostumbrados a la guerra. Ellos dicen claramente que viven en un sistema que crea este tipo de riesgo, pero cuando responden son terribles», dijo González. Dupont Circle, el barrio donde está la embajada, se movía al ritmo cansino de un inusual domingo. En la plaza que le da nombre a la zona, un dúo de guitarra y trompeta tocaba, casi para nadie, «Paper Moon». Parecía una banda de sonido inadecuada para tanta tragedia. Quizás no: era la añoranza de un Estados Unidos inocente, en blanco y negro, que ayer terminó de desaparecer bajo el peor ataque terrorista de la historia de la humanidad.


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