12 de septiembre 2001 - 00:00

Angustia por las víctimas argentinas

Washington (enviado especial) - Entre los pocos hombres del gobierno estadounidense con los que se podía conversar ayer había algún desconcierto sobre el destino del cuarto avión. «¿Por qué a Camp David?», se preguntaba un operador allegado al Partido Republicano. La respuesta no parece tan obvia: el World Trade Center, enclavado en el corazón del distrito financiero de Nueva York representa -además de un ícono nacional-al mundo de los negocios; la implicancia estratégica del Pentágono también es obvia. ¿Pero la residencia de descanso del presidente? «Lo único que se nos ocurre es pensar que allí cerraba el círculo de la lógica impenetrable de los terroristas: Camp David simboliza la diplomacia, los acuerdos de paz, la intención incipiente de encontrar un camino diferente al de la guerra para superar la crisis de Medio Oriente», dijo el informante. Lo cierto es que Estados Unidos entró en el máximo estado de alerta que prevén sus planes de contingencia (el nivel Delta), el presidente se dirigió al estado de Omaha para conducir desde un búnker subterráneo las operaciones, y el National Security Council funciona «como en las películas», en estado de sesión permanente y desparramados sus miembros en distintos puntos del país.

¿Cuántos de estos muertos son argentinos? «Es difícil saberlo todavía, y no creo que podamos conocerlo en los próximos días, al menos con certeza», dijo a este diario el embajador Guillermo González, en una conversación que fue dos veces interrumpida por llamados de Fernando de la Rúa. González y su consejero político Diego Tettamanti se negaron a predecir cuál será la respuesta de Estados Unidos, pero el informante republicano sostuvo que «será veloz, precisa y durísima, porque el terrorismo no puede salirse con la suya, y el gobierno lo sabe».

• Precauciones

El embajador relató que se había puesto en contacto con el Servicio Secreto casi de inmediato; el cuerpo encargado de la custodia del presidente y de las representaciones diplomáticas le dijo que «su embajada no está dentro de las prioridades que tenemos ahora, pero le aconsejamos que se muevan con cuidado y tomen precauciones». Como era de esperar, la sede de la avenida New Hampshire se convirtió en el centro donde muchos compatriotas canalizaban la angustia de no saber de sus familias.

«Pusimos dos líneas de atención las 24 horas: el 202-238-6461 y el 202-321-4873. Atendemos a todo el mundo», dice González. «Hace un rato llamó una señora mayor desde Buenos Aires para preguntar por su sobrina que vive en Nueva York. Luego de un rato largo de hablar, nuestra gente le preguntó donde vivía, dónde trabajaba, y dijo: <En el Bronx>, que está en el otro extremo de la ciudad. Pero entendemos su angustia.»

González
tenía programado asistir al seminario que dirigentes de la UIA iban a dar en el edificio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para funcionarios de diversas agencias estadounidenses. El edificio de la entidad financiera, sin embargo, fue uno de los primeros en ser evacuados ayer por la mañana, y todas las actividades se cancelaron. En tanto, las calles de Washington continuaban semidesiertas, con buena parte del área céntrica sellada por las fuerzas policiales. La única bandera que flameaba a media asta ayer a las 19 era la de la Casa Blanca; el resto de los edificios públicos tardó más en asumir el luto sencillamente porque en la mayoría de ellos no había quién hiciera la tarea. Pero las precauciones llegaron al extremo de que los camiones con combustible eran escoltados por dos patrulleros (uno adelante, el otro atrás). No era lo único que controlaba el gobierno: quienes se pasaron horas pegados a los televisores percibieron con claridad que desde un punto (alrededor de las 15), las cadenas comenzaron a dar cada vez menos información, sobre todo evitando hablar del número de víctimas, la ubicación geográfica de los principales funcionarios y qué fue lo que causo la «caída» del «cuarto avión». Se decía que los organismos de seguridad habían impuesto un embargo informativo similar al que se aplicó durante la Guerra del Golfo. «Son un país ordenado, disciplinado, acostumbrados a la guerra. Ellos dicen claramente que viven en un sistema que crea este tipo de riesgo, pero cuando responden son terribles», dijo González. Dupont Circle, el barrio donde está la embajada, se movía al ritmo cansino de un inusual domingo. En la plaza que le da nombre a la zona, un dúo de guitarra y trompeta tocaba, casi para nadie, «Paper Moon». Parecía una banda de sonido inadecuada para tanta tragedia. Quizás no: era la añoranza de un Estados Unidos inocente, en blanco y negro, que ayer terminó de desaparecer bajo el peor ataque terrorista de la historia de la humanidad.

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