23 de noviembre 2000 - 00:00

Buscan que el Museo de Nueva York tenga sucursal en B.Aires (Cap.Fed.)

El director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, Glenn Lowry, desembarcó en Buenos Aires junto a Jay Levenson, que tiene a su cargo el programa de esta entidad inter-nacional. La primera vez que Lowry visitó la Argentina fue invitado por Jorge Glusberg y aprovechó la ocasión para saludar a los patrocinantes porteños del MoMA, justo cuando se iniciaba una campaña de recaudación de fondos para ampliar el museo. La obra demanda $ 650 millones que aún no se terminaron de reunir. En su segundo viaje, Lowry le aclaró a este diario: «Vine por mi cuenta, para ver con mis propios ojos qué sucede en la Argentina». Volvió a reunirse con sus sponsors porteños y expresó su decisión de realizar actividades de inter-cambio con tres instituciones de nuestro país. En estos días, al explicar el motivo del tercer viaje de Lowry, el secretario de Cultura de la Ciudad, Jorge Telerman, dijo: «Vino a devolver la visita que Aníbal Ibarra y yo les hicimos hace dos meses». Pero, concretamente, el jefe de Gobierno cortó los hilos que durante tres años tejieron críticos, directores de museos, coleccionistas y artistas para proponer al MoMA su propio proyecto.

Hace justo un año Lowry y toda su delegación habían insistido en la posibilidad de enviar exposiciones al Museo de Bellas Artes, la Fundación Proa y, en especial, al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, donde ofrecieron una muestra de arquitectura. «Es interesante cotejar las búsquedas y proyectos --ob-servaron en ese momento-, porque nosotros estamos ampliando el MoMA y el MAM-ba tiene ese mismo plan.» Lo cierto es que hoy avanzan las obras del MoMA, pero el segundo sobre de la licitación del MAMba todavía no fue abierto, los del MoMA no pisaron ese museo, ni el de Bellas Artes, ni Proa (como erróneamente informaron algunos medios).

Más aún, la directora de Museos de la Ciudad, Mónica Guariglio, no se enteró de la visita. Ibarra y Telerman condicionan la posibilidad de una actividad con-junta a la creación de un nuevo museo o «sala de exposiciones», para ser más precisos ya que el MoMA no vende la marca como sí lo hace el Guggenheim.

Se habla de una inversión de alrededor de $ 30 millones, lo que implica un endeudamiento con el Banco Interamericano de Desarrollo. «Suma que sólo alcanzaría para reciclar un galpón -observa un entendido-, pues un museo como el Guggenheim, capaz de crear impacto turístico, cuesta más de $ 100 millones.» Ocurre que la actitud de obviar cualquier tipo de consulta profesional irritó a los expertos: «En nuestro Museo de Arte Moderno la directora, las secretarias y hasta las distinguidas damas de la Asociación Amigos barren los pisos porque no tienen dinero para pagar la limpieza». Y tampoco faltaron cuestionamientos a los políticos: «¿Cuándo van a caer en la realidad, y ocuparse de que los museos Fortabat y Costantini puedan abrir sus puertas?». O: «¿Quién va a pagarle al MoMA el alquiler de las obras?». La ambición de Ibarra es comparable a la que impulsó el frustrado viaje de Antonio de la Rúa y Hernán Lombardi a la Quinta Avenida y posteriormente a Enrique Olivera y Teresa Anchorena, para traer una sucursal de Guggenheim a Puerto Madero.

Se recordó también que las promesas de restaurar el MAMba se remontan a la primavera de 1997 y que los planos para ampliarlo donados por el célebre Emilio Ambasz durmieron en los cajones de tres jefes de Gobierno y cuatro secretarios de Cultura. El inspirado grupo, ajeno a estos comentarios, realizó su gira inmobiliaria e incluso visitaron un loft que el ex canciller Guido Di Tella (de quien Telerman fue vocero) posee en Puerto Madero. Entretanto, varios artistas organizan una reunión para dar a conocer su opinión negativa ante la reiterada actitud de desprecio por lo propio. Antes de partir, Lowry visitó en el Museo Fernández Blanco la exposición de las misiones jesuíticas organizada por Frances Reynolds Marinho, operadora cultural que acaba de firmar un acuerdo con el MoMA para desarrollar su programa educativo en ambos países. También ungió a Mauro Herlitzka como miembro del International Council del MoMA que ya integran los argentinos Ambasz, Nelly Arrieta y Jorge Helft (actual asesor de Telerman).

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