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Carlos Bianchi, el técnico más ganador en Boca

En silencio y prometiendo trabajo, Bianchi regresó al fútbol local luego de un frustrante paso por la Roma de Italia, y con la voluntad de repetir las actuaciones destacadas en el club de Liniers.
La primera experiencia no pudo ser mejor: ganó el Torneo Apertura en forma invicta con una campaña formidable --78,94 por ciento de efectividad--, superando el rendimiento de sus tres títulos anteriores.
Para reafirmar la superioridad de ese equipo, Boca obtuvo el Torneo Clausura 1999, y terminó siendo el mejor conjunto de esa temporada.
El 2000 era el gran objetivo del entrenador que tomó como gran objetivo la Copa Libertadores, la cual la ganó en forma brillante tras dejar en el camino a difíciles rivales como River Plate, América de México y Palmeiras, en una final cargada de tensión.
El triunfo en definición por penales fue el broche de oro de una gran actuación y el pasaporte a otro gran sueño boquense: la Copa Intercontinental.
El mismo estadio que seis años atrás fue testigo de la felicidad de Bianchi y sus muchachos de Vélez, volvió a ser la escenografía para una nueva consagración del DT.
Como frente al Milan en 1994, Bianchi diseñó un plan táctico casi perfecto para que los jugadores interpretaran sumándole la impronta de la genialidad de Juan Román Riquelme y la contundencia goleadora de Martín Palermo, para superar al Real Madrid 2 a 1.
Apenas veinte días después, la cereza del postre de un año inolvidable se materializó con la obtención del Torneo Apertura 2000, un digno final de ciclo para un grupo de jugadores brillantes.
Esa tarde, Bianchi entendió que finalizaba una importante etapa en el club y advirtió que este año había que "acostumbrarse a épocas más austeras", abriendo el paraguas sobre un futuro flaco ante el desmenbramiento del plantel.
Con mucho oficio, gran capacidad de trabajo y la mano táctica de Bianchi, Boca alcanzó otra estrella, sufrida, pero no menos festejada, y en la intimidad de la alegría el "Rey de América" supo que igualaba el récord internacional en el club del Toto" Lorenzo, y a la vez alcanzaba a un maestro como Osvaldo Zubeldía en el podio de las Copa Libertadores.
Ahora volverá el sueño de la segunda Intercontinental consecutiva, algo que un equipo argentino nunca logró, el desafío de un nuevo torneo local y la deuda pendiente que el mismo entrenador reconoció: la Copa Mercosur.
Nadie se atreve a poner un límite a los sueños, y menos aún a las realidades tan exitosas como la que construyó Carlos Bianchi, que desde el corazón de un barrio porteño se trepó a la cumbre de América bajo el sol de la ribera inmigrante, para transformarse en el nuevo monarca del continente.

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