6 de marzo 2001 - 00:00

Conmoción por nuevo tiroteo en una escuela de los EE.UU.

Conmoción por nuevo tiroteo en una escuela de los EE.UU.
Santee, Estados Unidos Al menos dos estudiantes murieron y otras 14 personas resultaron heridas ayer cuando un adolescente armado abrió fuego en una escuela secundaria de la localidad de Santee, en el área de San Diego (sur de California), según confirmaron fuentes policiales y hospitalarias.

El tiroteo, uno de los más graves registrados en los últimos años en California, se registró hacia las 9.30 hora local en el edificio de Ciencias Sociales de la Escuela Santana High de Santee, cuando un estudiante de 15 años abrió fuego contra sus compañeros.

El autor del tiroteo, cuya identidad no fue revelada, fue detenido por la policía y sometido a un interrogatorio, declaró el comisario local William Kolender, en conferencia de prensa. Según los primeros datos de la investigación, el joven entró en la escuela con un arma escondida en su saco y enseguida comenzó a disparar, provocando el pánico de los demás estudiantes.

Era la hora del recreo cuando el estudiante, descripto por sus compañeros como «alguien que era tomado en broma», comenzó a disparar, primero según parece en el baño de los alumnos y luego siguió haciéndolo en el exterior.

Infierno

Según testimonios de estudiantes, el agresor había «prometido» llevar armas a la escuela para matar a sus compa-ñeros «y luego escapar a México», pero nadie le creyó. «No parecía alguien que pudiera hacer algo de este tipo, pensamos que era una broma. Nos pidió que lo hiciéramos junto con él», dijo Josh, uno de los estudiantes testigos del grave ataque. «Disparaba y reía», cuando hacía puntería, afirmó otro alumno.

Entretanto en el instituto se desataba un infierno, entre gritos de dolor y el terror de los alumnos, y mientras estudiantes y docentes trataban de ayudar a los heridos.

La tragedia de la escuela de San Diego es la enésima en que estudiantes armados abren fuego contra sus compañeros, sin motivos conocidos.

La peor matanza ocurrió el 20 de abril de 1999, cuando dos jóvenes armados hasta los dientes mataron a 13 personas en la Columbine High School en Colorado, antes de quitarse la vida. Con más de 1.900 alumnos que intentaban ponerse a salvo, cientos de efectivos de la policía trataron ayer en medio de la confusión de evacuar a los estudiantes, y numerosos padres de los jóvenes lloraban y gritaban buscando a sus hijos.

Al mediodía, un portavoz del hospital de Santee en el que habían sido internados los heridos confirmó que dos alumnos habían muerto, uno de ellos en el lugar de los disparos y otro en un centro hospitalario. La mayoría de los hospitalizados, entre los cuales figura un encargado de seguridad del colegio, sufrieron heridas en piernas y brazos que, en principio, no hacen temer por su vida, agregaron las fuentes del hospital.

Conmocionado por la noticia, el presidente estadounidense
George W. Bush calificó la tragedia como un «vergonzoso acto de cobardía». «Cuando Estados Unidos enseñe a sus hijos la diferencia entre el bien y el mal y les enseñe valores que respeten la vida, nuestro país estará mejor», dijo Bush desde Washington. «Pero sé que primero es lo primero, y que nuestras plegarias están con las familias que hoy perdieron a un hijo».

El presidente, que pidió una plegaria por la familia de las víctimas, no hizo ninguna mención acerca del problema de la difusión de armas entre los jóvenes.

El fiscal del condado de San Diego,
Paul Pfingst, dijo que el sospechoso, que se encontraba bajo custodia policial, será tratado como un adulto. Añadió que se presentarán cargos en su contra por asesinato, asalto, asalto con arma mortal y posesión de armas.»Dios quiera que nadie más muera», dijo Pfingst. «Lo han oído antes y lo repito ahora: nunca pensamos que esto pudiera pasar aquí».

Aunque en un principio se informó de nueve heridos, todos ellos fuera de peligro, la policía y las autoridades hospitalarias fueron incrementando el número de afectados a lo largo de la jornada. En tanto, un portavoz del hospital no descartó que pudiera aumentar el número de víctimas mortales a medida que evolucionaban las heridas de los afectados por los disparos.