29 de agosto 2002 - 00:00

Dolarización no atrae a los inversores a Ecuador

Por tercer año consecutivo Ecuador tendrá en 2002 superávit fiscal en las cuentas públicas consolidadas y logrará una vez más reducir sus niveles de endeudamiento. Sin embargo, ni estos logros macroeconómicos, ni el crecimiento, ni la estabilidad cambiaria conseguida con la dolarización le han permitido por el momento volverse atractivo para los inversores y mejorar sus indicadores sociales.

Cualquier análisis fiscalista que se quiera aplicar a esta economía corre así el peligro de perderse en análisis de números y no encontrar la causa de por qué Ecuador, ya dolarizado, no deja de ser una economía pobre. Sólo saliendo diez cuadras a la redonda del centro de Quito, la supuesta bonanza se diluye entre mendigos y vendedores ambulantes dispuestos a rematar su mercadería inclusive por debajo del costo sólo para salvar el mal día.

Mientras tanto, las cuentas fiscales parecen más sostenibles que la economía misma: desde que dolarizó, el país logró rever-tir un rojo fiscal que ascendió a 7% del producto en 1998 y 6% en 1999 y este año espera tener un saldo global favorable (incluyendo intereses) de 2% del producto.

• Sin opciones

En realidad, no han tenido demasiadas opciones: a pesar de la dolarización, las secuelas de la crisis de 1999 mantienen al país fuera de los mercados con lo cual las posibilidades de conseguir financiamiento son prácticamente nulas y sólo dependen de eventuales acuerdos precondicionados con el FMI que a lo sumo le abren las puertas al Banco Mun-dial, BID o la Comunidad Andina de Fomento.

La situación se repite en las provincias: si bien las cifras del Banco Central indican que los gobiernos provinciales tienen dos años de producir cerca de u$s 400 millones de déficit, como contrapartida han acumulado depósitos en el Banco Central y en bancos privados por u$s 250 millones, indicando esto que en realidad tales déficit no existirían y sólo se trata de subdeclaración de ingresos de las provincias.

«Es imposible que tengan ese déficit porque hoy nadie le presta a Ecuador y menos a las provincias», explica el secretario de Política Económica,
Ramiro Galarza Andrade, a este diario. Entonces, si no se computara el rojo provincial, el saldo fiscal de Ecuador sería mejor aún. Aunque tampoco ello parece alcanzar.

• Deuda en baja

Y hay más estadísticas que podrían hablar bien de este Ecuador. Con los niveles de superávit conseguidos, la deuda de Ecuador ha ido bajando en los últimos dos años y medio. A junio pasado el pasivo de los estados nacionales y provinciales ascendía a u$s 11.251 millones contra u$s 13.647 millones adeudados en enero de 2000, cuando el país ingresó a la dolarización. En tér-minos del PBI, la deuda de Ecuador bajó de 120% del PBI en 1999 a 70% en la actualidad. Pero si Ecuador ya dolarizó, está saneando sus cuentas fiscales y es la economía que más crece en la región, ¿por qué sigue siendo un país tan pobre y no se vuelve atractivo para los inversores?

En primer lugar hay que reconocer que los esfuerzos fiscales todavía no son suficientes. Para este año se estima que habrá un superávit total (incluyendo intereses de la deuda), de 2% del producto. Con ese monto se podrá cubrir la totalidad de los intereses adeudados y parte de las amortizaciones de capital del año previstas, que ascienden a u$s 1.086 millones. Pero con el superávit sólo se cubren u$s 750 millones de ese monto. Con lo cual el gobierno requiere igualmente de financiamiento por unos u$s 336 millones.

A esto se suman decisiones de gasto que no condicen con el esfuerzo necesario: para compensar la inflación, el gobierno aumentó los salarios del sector público en forma desmedida, lo que significa un desembolso casi 70% superior al previsto en el presupuesto del año. Incluso el secretario de Política Económica reconoció que esto ha sido un exceso.

Tampoco fue bien recibido ese aumento entre la población: frente a los deprimidos ingresos que tiene la mayoría de la gente, los empleados públicos son señalados como «
privilegiados» y no hay ecuatoriano que deje de mencionar que el mismo presidente que pide austeridad fiscal se aumentó en 10 veces el sueldo a principio de año, cuando todo el país está haciendo un esfuerzo para que la dolarización funcione.

Pero a pesar de estos excesos, que tampoco cayeron bien ante el FMI que por esos días estuvo supervisando las cuentas en función de destrabar un desembolso por u$s 240 millones, el fracaso de Ecuador va más allá de sus cuentas fiscales y de su sistema cambiario. Ecuador tiene una estructura productiva muy primaria y una industria que apenas va más allá del ensamblado. Además, podrían mencionarse problemas estructurales como:

• una alta inseguridad jurídica que desalienta por sí misma el ingreso de inversiones.

• Una estructura productiva que se basa fundamentalmente en bienes primarios, de alta volatilidad, y que en el caso del petróleo no logra el gobierno la eficiencia para volverlo más rentable.

• Una mano de obra poco calificada que genera una productividad muy baja lo cual, además de desalentar la inversión, mantiene los salarios reducidos. Y el tener salarios reducidos hace imposible superar la pobreza.

Dejá tu comentario