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Dolarización no atrae a los inversores a Ecuador
«Es imposible que tengan ese déficit porque hoy nadie le presta a Ecuador y menos a las provincias», explica el secretario de Política Económica, Ramiro Galarza Andrade, a este diario. Entonces, si no se computara el rojo provincial, el saldo fiscal de Ecuador sería mejor aún. Aunque tampoco ello parece alcanzar.
• Deuda en baja
Y hay más estadísticas que podrían hablar bien de este Ecuador. Con los niveles de superávit conseguidos, la deuda de Ecuador ha ido bajando en los últimos dos años y medio. A junio pasado el pasivo de los estados nacionales y provinciales ascendía a u$s 11.251 millones contra u$s 13.647 millones adeudados en enero de 2000, cuando el país ingresó a la dolarización. En tér-minos del PBI, la deuda de Ecuador bajó de 120% del PBI en 1999 a 70% en la actualidad. Pero si Ecuador ya dolarizó, está saneando sus cuentas fiscales y es la economía que más crece en la región, ¿por qué sigue siendo un país tan pobre y no se vuelve atractivo para los inversores?
En primer lugar hay que reconocer que los esfuerzos fiscales todavía no son suficientes. Para este año se estima que habrá un superávit total (incluyendo intereses de la deuda), de 2% del producto. Con ese monto se podrá cubrir la totalidad de los intereses adeudados y parte de las amortizaciones de capital del año previstas, que ascienden a u$s 1.086 millones. Pero con el superávit sólo se cubren u$s 750 millones de ese monto. Con lo cual el gobierno requiere igualmente de financiamiento por unos u$s 336 millones.
A esto se suman decisiones de gasto que no condicen con el esfuerzo necesario: para compensar la inflación, el gobierno aumentó los salarios del sector público en forma desmedida, lo que significa un desembolso casi 70% superior al previsto en el presupuesto del año. Incluso el secretario de Política Económica reconoció que esto ha sido un exceso.
Tampoco fue bien recibido ese aumento entre la población: frente a los deprimidos ingresos que tiene la mayoría de la gente, los empleados públicos son señalados como «privilegiados» y no hay ecuatoriano que deje de mencionar que el mismo presidente que pide austeridad fiscal se aumentó en 10 veces el sueldo a principio de año, cuando todo el país está haciendo un esfuerzo para que la dolarización funcione.
Pero a pesar de estos excesos, que tampoco cayeron bien ante el FMI que por esos días estuvo supervisando las cuentas en función de destrabar un desembolso por u$s 240 millones, el fracaso de Ecuador va más allá de sus cuentas fiscales y de su sistema cambiario. Ecuador tiene una estructura productiva muy primaria y una industria que apenas va más allá del ensamblado. Además, podrían mencionarse problemas estructurales como:
• una alta inseguridad jurídica que desalienta por sí misma el ingreso de inversiones.
• Una estructura productiva que se basa fundamentalmente en bienes primarios, de alta volatilidad, y que en el caso del petróleo no logra el gobierno la eficiencia para volverlo más rentable.
• Una mano de obra poco calificada que genera una productividad muy baja lo cual, además de desalentar la inversión, mantiene los salarios reducidos. Y el tener salarios reducidos hace imposible superar la pobreza.


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