19 de abril 2002 - 00:00

El país a la deriva

Si hay algo que debe tenerse claro en los procesos de crisis es que, para poder atravesar con éxito la tormenta y evitar quedar a la deriva por la zozobra, debe contarse con un excelente piloto, muy firme en el tablero de comando y acompañado de un certero navegante.Y esta combinación es esencial para poder llegar a destino evitando ir a la deriva y que sean los obstáculos del camino los que vayan trazando la ruta y marcando un rumbo totalmente ajeno al que pueda haber trazado el navegante siguiendo las instrucciones de ruta marcadas por el piloto, y que se arribe a un lugar absolutamente diferente, desconocido y quizás nunca querido o pensado por los tripulantes y sus pasajeros.

Una de las diferencias esenciales entre un piloto experto y avezado y otro que no lo es radica -justamente- en que aquél no se deja distraer ni guiar por aspectos accesorios, obstáculos, inconvenientes, sugerencias, o cuestiones accidentales sino que se concentra básicamente en dos aspectos muy precisos: el destino al que se desea arribar, y en transitar la ruta más corta y más segura. Y es en función de estas dos variables que traza el camino, actúa y ordena al navegante su control y monitoreo tomando y dictando las medidas correctivas necesarias, toda vez que se precisa «llegar» y «a salvo».

Por ello el piloto estudia y evalúa los tiempos, el combustible necesario, las medidas de seguridad, la eventual fortaleza de la nave, y tantos otros aspectos; incluido el diagnóstico de los expertos en navegación que han diseñado las cartas y los reportes meteorológicos.

Claro está que para ello es necesario conocer con anterioridad a la partida, y a ciencia cierta, cuál es el destino escogido, cuál es la ruta más corta y más segura, y las características de la nave.

• Imagen

Por lo que puede verse en los últimos tiempos, lamentablemente, en la Argentina quienes han asumido la responsabilidad de conducirla parecen no tener muy en claro cuál es el destino al cual deben dirigirse, como tampoco cuál es la ruta más corta y más segura. Todo da la imagen de un grupo humano que va a la deriva tratando de sortear con desesperación, y por turnos, los problemas que se le van presentando y actuando solamente por reacción frente a los acontecimientos que aparecen como obstáculos que impiden el curso, pero sin tener ruta alguna trazada.

Se actúa sólo frente a lo inevitable, y por mera reacción, creyendo que con ello se podrá superar la crisis. Luego de cada acto desesperado, viene la construcción mediática de la explicación artificial para justificar lo que se ha hecho; sin convencimiento, como todo lo que no es real. Esto es un gravísimo error, y terminará por estrellar la nave, de por sí ya suficientemente deteriorada, contra algún iceberg.

Y allí a la deriva vamos: si devalué sin saber por qué y para qué, y genero reacciones adversas, entonces... pesifico; si tengo miedo a que el dólar se dispare establezco un tipo de cambio fijo; si el tipo de cambio fijo genera quejas establezco una flotación sucia; si los organismos internacionales me objetan la flotación sucia, prometo una flotación limpia; si los ahorristas se quejan, les prometo devolverle su dinero en la misma moneda en que estaban y, si luego no puedo, les prometo un tipo de cambio diferencial; si los bancos se quejan, los compenso con un bono; si los acreedores se quejan por la pesificación, genero un índice de ajuste CER; si los afectados por el CER se quejan, intento derogarlo y reemplazarlo por un índice menor llamado CVS; si se quejan los importadores le fijo retenciones a los exportadores; si las empresas comienzan a quebrar prohíbo las quiebras; si se rompe la cadena de pagos y comienzan las ejecuciones de deudores, prohíbo las ejecuciones; si hay inflación atraso la fecha de cómputo para el índice que la refleja; si igual el índice es alto, anuncio uno menor; si crece la desocupación prohíbo los despidos; y si por las medidas que tomo me hacen juicio, suspendo el trámite de los juicios por decreto.

Ahora bien... ¿Para qué?; o, dicho de otro modo,
en materia económica ¿cuál es el destino elegido, hacia dónde vamos y cuál es la ruta a seguir? Esto sigue siendo una incógnita. No hay plan.

Y esto es en todos los órdenes; aun en materia de seguridad: si hay violencia en el fútbol creo el delito de homicidio por odio deportivo; si los delincuentes matan muchos policías prometo establecer un agravante de las penas en los delitos en los que mueran policías.

Ahora bien, ¿y el resto de los ciudadanos? ¿Habrá un tipo agravado en cada caso para cuando mueran padres de familia, vigiladores privados, estudiantes, menores, gendarmes, profesores, amas de casa, comerciantes, taxistas, remiseros, jubilados? ¿Esperaremos cada muerte para crear un tipo penal distinto? ¿No sería más sencillo dictar una sola norma que dijera que «...todo delito -cualquiera que sea- cometido portando arma de fuego no será excarcelable, no permitirá la eximición de prisión, y tampoco podrá reducirse ni conmutarse la pena o el cumplimiento de la condena por motivo alguno...», en lugar de generar este irresponsable caos legislativo de creación de tipos penales basados en las características personales de las víctimas?

• Presiones

Si los piqueteros me presionan, yo presiono políticamente para que liberen a piqueteros presos; si liberan a los presos despotrico contra los jueces garantistas; si la gente se queja de los jueces garantistas, pido mano dura en la legislación penal; si, por el contrario, están en contra de la mano dura, hago aparecer el tema de Derechos Humanos; si la gente protesta contra los banqueros aliento las causas contra ellos; si luego los banqueros protestan presiono para que no los persigan; si la Corte no dicta fallos a mi favor, promuevo el reemplazo de la Corte; si se me complica el proceso de reemplazo de la Corte, promuevo la desactivación del juicio político que hice promover contra la Corte; si necesito licuar determinados pasivos empresarios dicto una modificación a la Ley de Quiebras; si esto me genera problemas posteriores ordeno a los mismos legisladores que la dictaron a mi pedido que deroguen esa Ley de Quiebras que les hice sancionar anteriormente; y así sucesivamente. No hay duda alguna... La nave va a la deriva.

Las primeras reacciones de cambio que se advierten en estos días como consecuencia de la tercera visita del FMI esperemos que no sean otra nueva reacción improvisada para intentar zafar por un tiempo.

Ante esta visión de la realidad no es inadecuado preguntarse... ¿Dónde está el piloto?

(*) Especialista en crisis y Coautor de la Ley de Quiebras 24.522

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