17 de abril 2002 - 00:00

FMI subestima la desconfianza

Anoop Singh, en su significativo discurso del miércoles 9, enfatizó sobre la necesidad de reconstruir la confianza en el sistema financiero. Pero dentro de su exposición, lo ubicó en un tercer orden. Más aún, dijo que «con un marco sólido de medidas macroeconómicas basadas en los elementos mencionados -buenas políticas fiscales y monetarias- debería volver la confianza...».

En un muy buen artículo publicado el día 10 en Ambito Financiero, Julio Piekarz se refirió, a su vez, a este tema. Finaliza su recomendación de «banca de transición» (que comparto en gran medida) con la siguiente frase: «Esta banca... será por tanto una banca más primitiva... hasta tanto se elimine el primitivismo de nuestras políticas fiscales».

Tengo un problema de «énfasis», en especial, con el enfoque de Singh (ya que en el artículo de Piekarz hay varias menciones «sutiles» en relación al Estado, que van al punto en cuestión).

No veo factible una política de recuperación económica, sin que pueda recrearse previamente, un sistema de financiamiento sólido (no las «pavadas» de «clubes de trueques» en boga). Y sin recuperación económica, sabemos que las políticas fiscales y monetarias pierden eficacia
. Pasan a ser básicamente «endógenas».

• Estatización

Por ejemplo, la banca está en vías de estatización (parcial). Lo veremos cuando los primeros bancos extranjeros cierren sus puertas, y el Estado deba hacerse cargo de los depósitos. Y ya hoy están con bajísima liquidez (ver gráfico en página siguiente). A duras penas pueden hacer frente al «goteo», y muchos no podrán cumplir los cronogramas de devolución de plazos fijos. En marzo, el goteo ha podido ser satisfecho en gran medida con baja de encajes (efectivamente integrados). Pero de ahora en más, la vía preferente tendrá que ser el otorgamiento de redescuentos (emisión monetaria), como lo fuera en enero y febrero y como vemos en los primeros días de abril, con $ 1.156 millones emitidos hasta el día 10 (neto de pases y de LEBAC).

A su vez, si no hay crecimiento, el cierre fiscal será siempre tortuoso. Hoy la mayor esperanza fiscal es que aumente más la inflación, para que aumente el cobro de impuestos «indexados» (IVA, cheques, etc.).

Es decir, que las políticas monetarias y fiscales no pueden evitar ser expansivas e inflacionarias (lo contrario a una «sana política fiscal y monetaria»), debido a la actual desconfianza.

• Intromisión

El gravísimo problema que tenemos es que aun tomándose algunas medidas fiscales y monetarias sanas (dejando de lado las severas restricciones en poder hacerlo), no tiene por qué hacer que la gente recupere la confianza y vuelva a depositar sus ahorros bajo ley argentina.

Acá ha ocurrido una «intromisión» estatal, un rompimiento de contratos, descomunal. El Estado ha invadido todas las esferas de relación entre empresas y particulares, de una manera tan torpe y destructiva que ya no se puede remediar con «sanas políticas fiscales y monetarias».

Hoy existen unos 80 mil millones de pesos depositados en el sistema financiero, de los cuales 60 mil millones, si se los dejara, optarían por irse del país (es decir, comprar dólares). No lo pueden hacer ahora, pero tratarán de hacerlo durante los próximos años, sea cobrando depósitos reprogramados o los bonos basura que el Estado emitirá.

Existe también un financiamiento en dólares a empresas privadas argentinas, vía ON y créditos externos (fondeados algunos con depósitos offshore de argentinos), de varias decenas de miles de millones de dólares, que también quisiera «irse». Más todos los bonos y préstamos al gobierno, más todo el «ahorro» en AFJP, en seguros de retiro y vida (¿cómo podrán ser pagados, si la contrapartida de activos son bonos públicos y privados en default?).

En otras palabras, estamos en presencia de un grave
«desfinanciamiento estructural» de la Argentina. Los paliativos que «sanas políticas fiscales y monetarias» puedan lograr (siempre rápidamente reversibles) serán eso: paliativos. No parece sensato esperar que pudieran doblegar la

tendencia principal, motorizada por una «desconfianza estructural» que, todo indica, ha calado muy hondo en nuestra población.

La economía argentina está condenada al desfinanciamiento. Insisto. Es «naïve» pensar que con ciertos compromisos fiscales y monetarios, la población local y extranjera vuelva a confiar en nuestro vapuleado país. Y nuestra dirigencia actual es más parte del problema que de la solución.

• Renovación

Seguramente se requerirá de una renovación dirigencial interna y de un grado de apoyo e intervención externa, mucho mayor a la actual. Sin un apoyo del G-7, de los bancos centrales del mundo, sin un nuevo «pacto interno y externo», será muy difícil encontrar «verdaderas soluciones».

La «desconfianza estructural» es un gravísimo problema que el Estado argentino ha causado. Una suerte de «masoquismo» en gran escala.

De ésta, mucho me temo, no saldremos, a partir de recortes de gastos, suba de impuestos, o colocando letras para un «targeting inflation». Tendremos que pensar en algo realmente diferente. Tendremos que lograr adhesión interna y externa para cambios institucionales seguramente importantes. Tendremos que buscar la forma de reconciliar nuestro deseo de vivir bajo leyes, normas, procedimientos y dirigencia propia de países civilizados, con el deseo de seguir viviendo y trabajando en la Argentina. Pesada tarea.

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