8 de abril 2002 - 00:00

Hay que observar a jueces

El señor presidente Duhalde quiere ahora una ley dura para quien atente contra un policía. Parece que entendió a su compañero de boleta de los últimos comicios (Casanovas) que hace tiempo insiste con eso. Acompaña a Duhalde el político Díaz Bancalari, quien impulsara en 1997 aquél código bonaerense con excarcelación obligatoria que debió corregirlo meses después ante las protestas.

«Tarde piaste», dirían nuestras abuelas, pero las crudas experiencias políticas así lo indicaban. El asesinato del cabo Stambuli en San Fernando en marzo de 1999 -un modelo de policía- fue el comienzo del fin para el entonces gobernador y su cobijado ex ministro Arslanian, responsable de la reforma judicial y del posterior sojuzgamiento de la policía. El sedimento de tal desquicio fue la inusitada ola de crímenes que lo alejó finalmente de la presidencia.

Pero estos últimos héroes policías asesinados, están llamados a marcar -como Stambuli-, un cambio, que no sólo debe pasar por leyes más severas. El asunto ahora debe concentrarse además en aquellos jueces que excarcelan sin mayor sustento. Al respecto, hace un tiempo se iniciaron indagaciones por la liberación del asesino en aquel brutal atraco a Aguas Argentinas en Núñez, y de Puccio, dipuestas por un Tribunal de San Isidro, y mientras las familias aún lloran a sus muertos no hay noticias de esos jueces.

• Investigación

Es hora de hechos, y la ciudadanía espera de su Presidente que personalmente le pregunte al procurador de la Corte de Buenos Aires qué pasó con esos jueces de San Isidro y que el mismo doctor Duhalde ordene iniciar la investigación sobre la libertad del asesino del oficial Falduto. Sería un plausible paso inicial en la confianza a quien dirige nuestros destinos.

Debe respetarse la libertad del juez para aplicar a sus fallos la más delirante teoría y para liberar a un encausado, aunque la experiencia social anterior indique que puede volver al crimen. Pero si esto último ocurre, la ley que es inflexible con el policía que tortura, debe caer con el mismo peso sobre aquellos magistrados.

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