9 de febrero 2001 - 00:00

Kremlin se prepara para el temido efecto 2003

Moscú - El mundo superó sin sobresaltos el efecto 2000, pero Rusia se enfrentará en el año 2003 a algo mucho más serio y concreto, según dicen sus políticos y analistas. Se trata de la confluencia de tres procesos negativos que desembocarán en una cadena de desastres dentro de dos años: la erosión de las infraestructuras, el envejecimiento de la población y el servicio de la deuda externa más gravoso de la década.

Recientemente el presidente Putin reunió en el Kremlin a los líderes parlamentarios para hablar de este efecto 2003. «Todo esto supone una amenaza a la existencia de Rusia», manifestó al término de la reunión el ex primer ministro Yevgueny Primakov.

La señal de alarma fue lanzada el pasado 6 de setiembre por el líder del principal grupo parlamentario de la Duma, Edintsvo, Boris Gryzlov, en una intervención ante el consejo político de su partido, a la que ha tenido acceso nuestro diario. El diputado Gryzlov es un hombre que está en línea directa con el presidente Putin y los cerebros de su entorno, gente casi siempre vinculada con los servicios secretos que han puesto las cuestiones de seguridad nacional en el centro de la política presidencial. Para eso hay razones sobradas.

Herencia

En los últimos quince años Rusia ha vivido de una herencia. Su clase dirigente se ha dedicado a despilfarrarla, a enriquecerse con un frenesí suicida para el país. No se ha invertido capital (ha habido mera apropiación y privatización), ni siquiera en el sector de las materias primas, que ha sido como una vaca lechera ordeñada pero no alimentada, que sostiene la economía del país. Ahora la vaca está débil y aun más enferma que en tiempos de la URSS. «Todo lo que hoy en día todavía funciona es resultado de los últimos proyectos industriales de la ex Unión Soviética y sin renovación tecnológica podrá sostenerse muy poco tiempo más», manifiesta Gryzlov.

«Quince años sin renovación industrial han convertido muchas inofensivas industrias y mecanismos en fuentes de peligro tecnológico y ecológico para la población.»

Su efecto, explica el político, es como una serie de «atentados terroristas de los que sólo nosotros somos culpables; hablamos de grandes incendios industriales, vertidos de crudo, explosiones de gasoductos, descarrilamientos ferroviarios, accidentes mineros». La crónica de accidentes del pasado agosto, que incluye la explosión y naufragio de un submarino nuclear en el Mar de Barents, un incendio que dejó, en Moscú y su región, cuatro días sin televisión a 16 millones de personas en un territorio mayor que Dinamarca, y un apagón, pocas semanas después, que desencadenó una emergencia en una central nuclear y en la mayor planta de reprocesamiento de combustible nuclear, civil y militar del mundo, el complejo Mayak, se inscriben en este contexto. Y lo mismo ocurre con la seguridad del país, sus armas y su escudo nuclear, cuyas ojivas ya superan la «fecha de caducidad», lo que es uno de los principales incentivos para la firma de un acuerdo de desarme nuclear estratégico Start-3 con Estados Unidos. La gran pregunta es con qué recursos sería posible contrarrestar esta amenazante inercia.

Por primera vez desde 1991 hay crecimiento y los presupuestos del Estado tienen superávit, pero para los expertos eso es coyuntural (en parte debido al petróleo), y que no habrá crecimiento genuino sin grandes inversiones en innovación. La cifra que ofrece el Ministerio de Economía para modernizar las infraestructuras es de 2 a 2,5 billones de dólares para los próximos 25 años, de ellos, 700.000 millones en los próximos diez años. En lugar de eso, Rusia tiene que pagar, cada año, hasta 2010, 10.000 millones. La culminación de esa deuda será en 2003, con 17.000 millones de servicio de deuda.

«Estamos ante un serio desafío que pone en cuestión el futuro del país -dijo Gryzlovun círculo vicioso de retraso económico, creciente pobreza y conmociones sociales.» «Aunque los accidentes tecnológicos amenazan a muchos países, nuestros años de irresponsabilidad han hecho particularmente vulnerable a nuestra población», constató.

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