En un contexto de negociaciones internacionales estancadas en todos los frentes (OMC -Organización Mundial de Comercio-, Unión Europea, etc.), recrudeció en la Argentina el planteo interno sobre la conveniencia entre un Mercosur anémico, o la negociación directa, bilateral, con los Estados Unidos (lectura simplista, aunque bastante real del ALCA -la Asociación de Libre Comercio de las Américas- que, en realidad, involucra a 34 países de toda la región). Pero, ¿es realmente válida esta opción? Para evaluar tal posibilidad primero hay que tener en cuenta que ambos procesos no son incompatibles y que la Administración Bush todavía no cuenta con el fast truck, autorización de su Congreso imprescindible para encarar estas negociaciones (y que su antecesor, Bill Clinton no logró en todo su mandato). Por otra parte, tampoco los países del Mercosur pueden negociar individualmente sin sus socios y hay 14 resoluciones presidenciales que así lo especifican. No parece, además, que ninguno de los miembros esté dispuesto a afrontar el costo de denunciar el acuerdo y compensar al resto, por más problemas de intercambio que se presenten. ¿Y si no existieran estos condicionantes? En primer lugar es innegable que, tras 6 años de vida formal, el Mercado Común del Sur está sensiblemente decaído y complicado. Falta la fuerte decisión política que lucía al principio y los conflictos sectoriales son una constante. Para algunos especialistas el debilitamiento responde, en gran parte, a las complicaciones económicas de los dos principales socios. «Brasil devaluó y no logró generar más comercio y la Argentina está en recesión. Los que antes ganaban ahora ganan menos, y los que perdían pierden más», señaló un ex negociador al justificar la sensación creciente de decadencia sobre el proceso de integración regional. La misma lectura se desprende de la reciente encuesta de Rosendo Fraga que señala que la mejor imagen positiva del Mercosur se correspondió con las etapas de mayor crecimiento económico, aunque sigue gozando de preferencia en la opinión pública. Aun así, ante el planteo ALCA vs. Mercosur -teórico todavía- surgen básicamente dos grupos de opinión contrapuestos. Para los macroeconomistas más ortodoxos a la Argentina le conviene negociar directamente con EE.UU. y, a favor de su postura, destacan el valor estratégico, en términos financieros, de contar con un socio de semejante envergadura y solidez económica. Argumentan, también, que bajaría el riesgo-país y el nivel de las tasas de interés.
• Cautela
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Por el contrario, gran parte de los negociadores, y especialmente los representantes de la economía real no se muestran tan entusiastas y son mucho más cautos. Destacan, por ejemplo, que si la Argentina negociara directamente con EE.UU. nada impediría que, inmediatamente, Brasil hiciera lo mismo. En ese caso, la Argentina perdería sus actuales ventajas de acceso al mercado brasileño que sigue siendo su principal cliente (absorbe entre 27% y 30% del total de exportaciones).
Es innegable, además, que Brasil constituye un mercado mucho más atractivo para los EE.UU. debido a su tamaño, potencial, cantidad de habitantes, etc., por lo que el eje de la negociación en la región pasaría sin duda por allí, lo que constituiría un escenario peor que el actual. Pero además, el país del Norte ya expuso su objetivo de «ampliar «sus» mercados para colocar «sus» productos, y no lo contrario. Por otra parte, EE.UU. ya tiene un arancel externo muy bajo, lo que determina que las negociaciones deberían pasar por la eliminación de subsidios y restricciones de acceso que, según un reciente informe del ex secretario de Industria, Alieto Guadagni, involucran 2.105 barreras no arancelarias y subsidios que rondan los u$s 100.000 millones anuales (especialmente en agricultura y siderurgia) que, por el momento, no parecen dispuestos a desmantelar. De hecho, las organizaciones agrícolas le acaban de anticipar al área de Comercio y a la de Negociaciones en Washington que «la agricultura no se negocia en el ALCA, sino en la OMC» y allí, desde el fracaso de noviembre en Seattle, las conversaciones para la nueva ronda de liberalización del comercio se encuentran estancadas, ¿qué se negociaría entonces? «La industria y la agricultura argentina no están en condiciones de afrontar un acuerdo en estas condiciones», señala un destacado economista y no es difícil imaginar cual podría ser el resultado de una negociación (incluso, removiendo varias de las restricciones señaladas) para rubros como el automotor, bienes de capital e, incluso, los agropecuarios, al enfrentarse al primer productor y exportador mundial. «El ALCA es una iniciativa de 1890 y ya Roque Sáenz Peña se opuso tenazmente en su momento», señala por su parte el embajador Archibaldo Lanús. De ahí que no sean pocos los que suponen que la realidad de la discusión EE.UU. vs. Brasil no es más que un «coqueteo» con mínimas posibilidades en el corto plazo pero que, en realidad, está sirviendo para mantener vivo al debilitado Mercosur al agitarle el fantasma del ALCA.
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