Recientemente escribimos en esta columna que en los organismos financieros inter-nacionales y en los gobiernos de los países desarrollados, prevalece en la actualidad, la posición de que no deben aprobarse paquetes de ayuda financiera que «rescaten» al sector privado que prestó imprudentemente y a los gobiernos de los mercados emergentes que administraron irresponsablemente el sector público.
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Esta postura, que ha sido la columna subyacente de la negativa del FMI de «rescatar» a este gobierno de la Argentina, ha surgido luego de los programas de rescate a México en 1995 y a Asia en 1997 y tiene raíces eminentemente económico-financieras cuyo propósito es prevenir el acaecimiento de crisis como las que atravesaron las regiones citadas que pusieron en peligro la suerte de la economía globalizada y ha sido diseñada por los ministros de economía y finanzas de los países desarrollados y las autoridades del Fondo Monetario Internacional. El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, dominado por el ala más conservadora de la administración del presidente George W. Bush y su titular, Paul O'Neill, es un activo defensor de esta postura y juega un rol central en su sostenimiento. Este es el verdadero interés que el gobierno de los Estados Unidos y el FMI están protegiendo cuando negocian con los funcionarios argentinos. No es darle únicamente una lección a la Argentina sobre la necesidad de aplicar políticas sustentables (básicamente un sector público nacional, provincial y municipal solvente, ordenado y sin corrupción y una economía de tipo capitalista) sino fundamentalmente, al universo de los gobiernos de los países emergentes y a los inversores privados para que ambos sectores eviten tomar medidas (de mala administración los primeros, y de decisiones de inversión los segundos) que puedan contribuir al desencadenamiento de crisis financieras como las de México, Asia y Rusia.
En este contexto de predominio de cuestiones económico-financieras sobre aspectos políticos, es posible, no obstante, que ciertos factores de política internacional puedan jugar cierto rol en el otorgamiento de ayuda financiera. Por ejemplo, Pakistán y Turquía han sido ayudados por los organismos internacionales, aun cuando no hayan cumplido en forma consistente con los requisitos de los programas de asistencia financiera. Sin embargo, ambos países tienen una importancia estratégica para los Estados Unidos que la Argentina lógicamente no tiene. Aquellos países juegan un rol central en la guerra de los Estados Unidos contra el terrorismo internacional, mientras que la Argentina no constituye una región que tenga la potencialidad de contribuir significativamente a los intereses estadounidenses o del conjunto de países desarrollados, o, por el contrario, signifique una amenaza considerable para dichos intereses.
La evaluación del gobierno de los Estados Unidos con respecto a que las causas del cambio de humor de los inversores extranjeros sobre las perspectivas de Brasil obedecen, en una proporción mayoritaria, a la amenaza de un eventual triunfo electoral del candidato Lula Da Silva antes de que a un «contagio» de la crisis argentina, le quita a nuestro país un factor que podría invocarse para «suavizar» la «dureza» de los funcionarios del FMI (y del Tesoro norteamericano en las bambalinas) en el marco de las negociaciones. Es por ello que aparece como muy improbable que cuestiones de política internacional puedan influir en la posición del gobierno de los Estados Unidos sobre mantener las actuales exigencias antes de autorizar la aprobación de un paquete de ayuda internacional para la Argentina. Lógicamente que los funcionarios argentinos (en particular, la clase política) buscan desesperadamente alegar dichas cuestiones políticas para evitar tomar las medidas exigidas y así mantener los privilegios y no tomar nunca el camino hacia una economía capitalista. El FMI lo sabe y por eso no suavizará su posición negociadora, dependiendo la suerte del acuerdo únicamente en el grado de cumplimiento de las condiciones exigidas a la Argentina. Los argentinos no podemos engañarnos buscando señales no sustanciales (por ahí se habla de avances a partir de «cierta simpatía entre el ministro Roberto Lavagna y O'Neill): esta postura no ha cambiado. Por lo tanto, la situación será la de siempre. Ayuda, sólo si hay un programa económico integral y sustentable. El viaje de O'Neill a la Argentina debe ser visto como parte de las giras usuales de este funcionario por distintas áreas internacionales conflictivas.
• Refinanciación
Finalmente, en las actuales circunstancias políticas (fundamentalmente un gobierno interino y además integrado por la corporación política que llevó al país a la crisis) y económicas (ausencia de un programa económico sustentable con la hiperinflación a la vuelta de la esquina), el FMI no estructurará a favor de la Argentina un paquete de rescate financiero sustancial que permita la recuperación de la actual crisis. En el mejor de los casos, refinanciará por un año los vencimientos de este año (únicamente), y permitirá que se dispongan de ciertos financiamientos por parte de otras agencias multilaterales de crédito como el Banco Mundial y el BID por montos menores a los u$s 1.000 millones. Como se ve, se trata, en el mejor de los casos, de un alivio insuficiente. Muy lejos de lo que la Argentina necesitaría para estabilizar la caída y pensar, algún día, en volver a crecer. Por ejemplo, Uruguay (cuya economía es de entre 10 y 15 veces más pequeña que la de la Argentina y no se encuentra en una crisis tan terminal como la nuestra), ha recibido recientemente ayuda por u$s 5.000 millones, la cual, ni siquiera, ha logrado revertir definitivamente su «mini crisis». Por el contrario, México y Corea (países que tampoco sufrieron una crisis tan grave como la argentina) debió recibir u$s 50.000 millones para recuperarse. En este contexto, la Argentina necesita, como mínimo, una suma promedio entre ambas puntas. Dichos montos, no obstante, no están disponibles para el actual gobierno. Sólo próximos gobiernos que, lógicamente, deberán contar con programas económicos integrales y consistentes con políticas de naturaleza capitalista podrán ser acreedores de aquéllas sumas. La recuperación de la Argentina, mientras tanto, no llegará hasta entonces.
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