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Los argentinos coquetean con el default sin medir consecuencias
Los argentinos son expertos en inflaciones y hasta en hiperinflaciones. Conocen ese desastre de cerca. Pero, frente al default, siempre han mostrado -sobre todo sus dirigentes-una actitud menos nerviosa y preocupante: ignorancia o despreocupación frente a un problema mucho más grave. En la nota que sigue se invita a observar las dramáticas consecuencias del default en 8 países conmovidos por ese efecto en la década del noventa.

La vinculación inmediata y directa entre default y el colapso económico, político e institucional, no sería un proceso gradual que se mediría en días o semanas, sino que sería inmediato, al estilo de un rayo de electricidad que se transmite hacia el comportamiento económico de los argentinos en una dirección y hacia el sistema político e institucional en otra.
• Explosión
Pero esta situación, tendría también efectos inminentes sobre la gente. Con un desempleo próximo a 17% y tras más de tres años de recesión, un colapso económico generaría una suerte de «explosión» social, ya que los desórdenes, al estilo de los saqueos de la hiperinflación, serían la consecuencia inevitable en el campo social de este colapso.
Es que la paralización económica, traería el estallido social.
Producida esta situación, la pregunta es cómo se materializa la reconstrucción.
Para ello, puede resultar útil recurrir al análisis de las ocho economías que entraron en default a fines de los años noventa. La crisis financiera sufrida por los países del sudeste de Asia cuando en una suerte de efecto dominó cayeron las economías de Corea del Sur, Tailandia, Indonesia, Malasia, Singapur y Birmania, al quedar en situación de insolvencia, es decir de default. Una en Europa que fue Rusia y otra en América latina que fue Ecuador.
El análisis en conjunto de las ocho experiencias, permite establecer un «modelo teórico», sobre cuáles son las notas centrales de la caída en default:
a) En lo económico, el promedio de caída del PBI que tuvieron estos países fue de 15% en el año del default.
b) Los desórdenes sociales -sobre todo en Tailandia e Indonesia-, fueron muy graves y violentos, en el caso de Ecuador, los disturbios tuvieron como protagonistas a las organizaciones indígenas y a los militares populistas.
c) En lo político-institucional, cuatro de los ocho gobiernos cayeron: Ecuador, Corea, Indonesia y Tailandia.
Años después, la evolución de los países afectados entonces es muy diversa. Corea del Sur, Malasia y Singapur parecen haberse recuperado bien, Tailandia y Birmania, luchan por hacerlo e Indonesia se encamina hacia una crisis recurrente. Ecuador no logra recuperarse -es el país más riesgoso de América latina con la sola excepción de la Argentina-y Rusia sobrevive en una situación compleja.
La pregunta en consecuencia es qué efectos sociales podría tener en la Argentina, sobre una economía que viene viviendo la recesión más larga de su historia y el desempleo más alto de las últimas décadas desde mediados de los noventa y una caída adicional del PBI de 15 por ciento.
Este contexto -más percibido que razonado-llevó al presidente De la Rúa a designar a Cavallo ministro de Economía en marzo para conjurar esta emergencia y a lanzar el plan del déficit cero en julio, el que quizás sea la última oportunidad para evitar el default, que de producirse podría traer como consecuencia que un millón más de argentinos perdieran su trabajo en las semanas siguientes.
Evitar este escenario, debe ser hoy la primera prioridad de los dirigentes políticos argentinos. Es que además, la crisis política e institucional que puede generar el default, podría poner en riesgo la sobrevivencia de la clase política argentina.


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