27 de febrero 2002 - 00:00

Los pobres fusilados

En nuestra Argentina tan particular de hoy, muchos demagogos y supuestos defensores de los derechos civiles, se llenan la boca con los «pobres». En efecto, es común que cuando los «humanistas» tienen que justificar salvajes delitos explican que ello es causa del modelo y de la pobreza que los llevó a tal crimen, lo que significa un agravio para el resto en similares condiciones de vida.

También hay «pobres combativos» -que gozan también del beneplácito de aquellos defensores y que en general, pasan sus días en largas marchas y manifestaciones, cortes de calle, etc. Cabe recordar que estos pobres fueron corridos por otros pobres, pero que se dedican a trabajar en el Mercado Central, pues desde una supuesta posición «ética y de lucha» en realidad, les hacían perder a los esforzados changarines su modesta diaria.

Pero además hay otros pobres, que también trabajan y arriesgan su vida en todo momento. Son los que se pasan de guardia 20 horas por día y que ven a su mujer y a sus hijos apenas unas pocas horas cada dos o tres días y que encima deben ahora concurrir al psicólogo según el interesante informe de Ambito Financiero de ayer, dadas las atrocidades a que son sometidos.

Aquellos que haciendo algunas horas extras, apenas si pueden llevar 600 pesos por mes a sus casas donde falta de todo, pero con una alternativa que los hace distintos por estos tiempos: que regularmente terminan asesinados por otros que se dicen ser pobres.

Sin embargo y curiosamente, estos pobres que últimamente son salvajemente fusilados, no gozan de la preferencia de la gran parte de la ciudadanía, ni menos aun de los medios periodísticos que se preocupan esencialmente de que no obstante el sueldo que cobran y las horas sin dormir, deben ser perfectos en su accionar y cuidado si se exceden en sus funciones, en particular con los «pobres» combativos y con los «pobres» delincuentes.

No obstante, resulta sorprendentemente hipócrita que cuando estamos en dificultades, rogamos por la presencia de esos pobres uniformados de azul que están tratando a diario que la Argentina sea todavía un país razonablemente habitable.

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